Cantos volcánicos. Presentación de la Revista Symposium

Por: Héctor Mondragón González

      1.                                    …Soñar es gratis, llevarlo al hecho no. Dicho en la jerga de internet: “ :’v ”

319, Carmen Luna

La vida no es vida si no podemos cantar. El día de hoy, por la mañana, me he puesto a escuchar La Marsaillaise, que no inspira precisamente un gran amor, pero sí un sentimiento de batalla pasional. Estamos en batalla, pero no sabemos contra qué. Tampoco sabemos cómo luchar. Se escucha en todas partes, casi en todas –tengo la «dicha» de poder escuchar a muchas personas que están bastante cómodas en su situación-, que las cosas deberían cambiar. Todos quieren cambiar algo que les afecta directamente; pocos se alzan en armas para modificar sus condiciones de vida, que implican, necesariamente, las de todos.

Desde la década de los 80, «poco» ha pasado. La caída del muro marcó la caída de la esperanza social al declarar nula culquier visión que intentase recobrar posturas «pasadas».  El surgimiento de la anihilación del otro y la venganza de lo próximo.  El siguiente acontecimiento «importante» fue la caída de las torres gemelas de Nueva York. Entrecomillo la importancia porque, tal como Gandhi ha observado, hemos pensado la historia como aquello que ha interrumpido al amor; vale recordar a Hegel, para quien Napoleón era una representación del espíritu absoluto. Sólo a eso le damos «importancia»: guerra. Si la caída del muro de Berlín es para muchos la reivindicación de la unidad, la caída de las torres gemelas puede representar el resquebrajamiento de esa ilusión.

Francis Fukuyama vaticinó el «fin de la historia»; Paz, el «fin de los tiempos».

El fin de la historia implicaba para Fukuyama la entronización de una ideología liberal, basada en el individuo como ente absoluto. Claramente no ha habido tal victoria. Y si la ha habido, ello no implicaría una nueva etapa de paz y armonía: la flor blanca es roja: la sangre ha excluido los glóbulos blancos.

Para Paz (1969), el fin de los tiempos, vía erótica llevada al extremo, presente sin futuro, no era profundo individualismo; su fórmula carecía de un elemento: la razón. El aquí y el ahora: poesía y rebelión que llevan al vacío. Eterno presente. Rojo sin sangre. El despertar no llegó: a la presencia le faltó el amor.

Los tiempos han llegado al límite. Sin tiempo, el ser no se comprende, porque no hay pasado ni futuro. Nada que decir, nada que pensar. Primitivismo moderno: postiempo.

Lo que intentaba rescatar el movimiento de las décadas de los 60 y 70 fue destruido por la exageración de sus principios.

La libertad y la pasión; la reconexión con lo natural del movimiento hippie; l’interdiction d’interdire; la sensación de viajar en nubes, que degeneraría en nubes electrónicas; la vuelta a lo circular; el reposicionamiento del ser humano frente a las dos guerras que devastaron a la humanidad. Todo eso fue llevado al absurdo. Esa misma generación de jóvenes, cautivada por la idea de la libertad y por los discursos de la cultura pop que la envolvieron, desarrollaría, en los 80, el neoliberalismo, coronado, una década más tarde, por la caída del muro. La sociedad se gobernaría por el miedo al miedo, por la libertad en exceso: irónica desconexión de la realidad y el tiempo.

La modernidad llegó a sus límites. Sartre, al presentar Les Temps Modernes, critica esta lógica mucho tiempo antes de que se cristalizara. El problema es que se ha llegado a la conclusión de que todos los individuos son iguales e igualmente libres. Esta conclusión falaz ha puesto de manifiesto que sólo hace falta concentrarse en uno mismo y buscar el éxito. Al final de cuentas, si a ese sujeto le va bien -se piensa- a los demás les irá bien; pero sólo como una «externalidad positiva». ¡No me impongan cadenas, que yo puedo solo!

El individuo se quedó solo, diividió su entorno, edificó murallas. Razón sin razón, la modernidad aisló al nuevo creador de su objeto de transformación: la naturaleza. La modernidad es el periodo en que el humano, sin importar su clase, se vuelve máquina. La posmodernidad, circunscrita en la contemporaneidad, entrevista de la máquina con la tierra: conversación sin diálogo, circunloquio no escuchado.

«Cuando la esperanza se rebela, el tiempo cambia».

Lo que es, es por sus contradicciones: las contradicciones impulsan el ser. Dicho de otra manera, lo que implica una contradicción busca eliminar la contradicción. Le podemos llamar esperanza de la metamorfosis: revolución. Lo que no es, está; hasta que entra en contacto con lo que es. Lo que es, está en el tiempo y baila con él. Lo que está, es en el tiempo.

Esta esperanza es un grito de guerra que llega a los oídos cuando ya no se puede más. Cuando se aproxima al límite de los mares, el mar tiembla, las olas crecen, las dimensiones estallan. El tiempo, que está dormido, despierta, se rebela, cambia, existe. Es.

El postiempo se caracteriza por la anihilación del ser. El ser humano no es, está: presente eterno. El mar comienza a moverse, la balsa está por voltearse. Humanidad que naufraga sin poesía.

Vindica te tibi, et tempus, quod adhuc aut auferebatur aut subripiebatur aut excidebat, collige et serva.
Séneca, Cartas a Lucilo.

El poeta nos recomienda (rei)vindicar –volver a hacerlo nuestro- el tiempo y el ser. Si hoy no es, hay que hacer que sea. Sólo será si nosotros somos.
Sartre también lo vislumbró: la falta de compromiso nos ha quitado el tiempo: hay que hacerlo nuestro.

Nous ne voulons rien manquer de notre temps : peut-être en est-il de plus beaux, mais c’est le nôtre; nous n’avons que cette vie à vivre, au milieu de cette guerre, de cette révolution peut-être.
(de cette métamorphose).

Lograremos esta responsabilidad

Amando

                Nos

Experiencia del otro, comunicación de la existencia, imaginación de otros mundos. El amor es la llave para la metamorfosis. «Amor, rebelión ante el narcisismo». Rebelión contra el individuo.

El amor se materializa mediante el acto. En palabras de Todorov (2015), debemos poner los ideales (y también los valores) en contacto con la realidad, eliminar el desfase: dejar de ver, cual paranoides, enemigos en cualquier árbol. Para amar se necesita voltear y crear, compartir, comunicar: es el ser que se perfecciona, porque existe en contacto con lo otro. Es, no sólo porque busca transformar sus propias contradicciones, sino porque sus contradicciones están en contacto con aquél, y juntos, ambos seres, buscan remediarlas.

Todo esto es subversivo porque, para amar, imaginar y cantar hace falta el tiempo, y nos lo han quitado. Hace falta el otro, y nos lo han escondido. Hace falta el ser, y nos lo han prohibido. En palabras de Ricardo Vázquez:

Para amar es imperante arruinar la estructura psíquica interna, destruir la institución de los significantes arraigada a la subjetividad propia, alzarse frente a los deseos de relación ficticios, crear la insurrección a lo que creemos propio. Amar es la resistencia más grande, pues sólo se da en la liberación propia.

Para amar, se exige la contemplación.

El ruido del agua contra el plástico me resulta inusualmente estrepitoso; no había reparado en ello, pero el motivo era que no había otros sonidos.
319, Carmen Luna.

Debe uno percatarse del ruido para contemplar la música. La posmodernidad es la ausencia de otros sonidos. El agua fluye, fluye, fluye: se escapa de nosotros, pero se mantiene el ruido.

                                  Imaginando

                                                          Nos

Peso, no livianas hojas que se arrastran. El sábado pasado hemos podido conversar brevemente con Eugène Green. Para él, la modernidad ha intentado construir a través de la destrucción. Por ello le hemos preguntado cuál es el papel de la poesía en esta época; de qué manera nos puede ayudar a reconstruir, o bien, a construir cosas nuevas. La poesía, dice él, tiene un papel muy relevante; pero sólo bajo la condición de que el poeta tenga la intención de construir, que le dé camino a su poesía para que ésta no se convierta en un simple canto de liviandad: hoja marchita de por sí. El poeta es clave para destruir lo que se ha construido a través de la destrucción. Podrá hacerlo sólo si da peso a sus ideas.

El rescate del peso nos marca. Las ideas son nuestras, pero no luchamos por ellas sólo porque sí. Es época de liquidez y ligereza. Los textos ya no son simple lluvia, son lluvia de estrellas (Ricardo Vázquez). No escribimos con tinta, escribimos con sangre. Inventamos nuevas realidades.

Las circunstancias habituales, la cultura popular, los lugares inútiles (Frida López), la selva cotidiana, nos han domesticado: el rincón es un rincón sin luz que nos mantiene en la tranquilidad del cambio, que nos ofrece la seguridad. Cambiar es más fácil que quedarse. Los ideales no valen como antes porque el ideal es el cambio: la «evolución» hacia la nada.

Como lo ha dicho nuestra colega: los lugares inútiles son inútiles porque no llevan una justificación; si algo ha de servir, deberá ser justificado. Eso le dará peso. Deberá tener dirección. Como ya hemos visto, nuestra dirección será amorosa, no simplemente estética.

En este sentido es que Carlos Wieder (el que ha colaborado para nosotros) se burla de los adoradores de la decadencia. Es más poético cualquier acto de rebeldía que dos versos salidos de los muslos de la musa de Amalgama Achuu.

Es magma, diríamos con Castoriadis: lleva peso en sí; pero no es cualquier magma. Es un magma que canta. Ejercicio de contrafáctica que desincrusta falacias contrafácticas (Víctor Faccio). Lo que está, bajo los esquemas actuales, determinado para que esté indeterminado puede indeterminarse para buscar nuevas formulaciones de la existencia. Si no creamos, no hay magma. Si no cantamos, no hay poesía.

                                                        Cantando

                                                                            Nos

                                             Todo en gerundio. Así, en la simultaneidad y en el movimiento, la realidad cambia.

Sólo el agua fluye: ruido. El peor de los ruidos es el silencio. Una sola voz es silencio. Una sola visión es oscuridad. El poeta amoroso sólo puede cantar.

La forma de destruir el ruido es cantar. Unos poetas se han reunido. Symposium. Cantar es la forma más violenta de rebelarse en un mundo acostumbrado a la violencia.

El canto inspira. De él brotan otras flores. La rosa más bella no es la solitaria, sino la que contrasta con el mundo seco, gris, vacío. La rosa más bella es la que contempla. El viento es música. Cantamos
agua volcánica:

      1. Un niño hace volar el mundo
      1. para crear natura
      1. que se reinventa.
      1. De la piedra brota el agua,
      1. el agua se vuelve bronce,
      1. el bronce nada en la plata.
      1. La plata es la cara del niño
      1. que ha imaginado
      1. la no plata,
      1. el no bronce,
      1. la no piedra,
      1. el alba.

Es de muchos cantos, ya publicados, que se ha podido escribir este texto, que es un canto volcánico. Da razón de nuestra existencia a partir de lo ya creado. Es más razonable presentar algo que ya existe que presentar algo imaginario.

El Symposium ya canta. El magma imagina música. Imagina otras aguas, otras tierras, otros mares. No detiene el tiempo, lo echa a andar, lo hace suyo. Destruye la faiblesse des sens (Regina Ponce, deconstructora); el tiempo ya no está muerto, los sentidos vuelven a la vida para contemplar la creación no creada.

El volcán canta cantos volcánicos.

                                                                                           Ciudad de las murallas, 30 de marzo, 2017.

Textos mencionados.

Faccio, Víctor, Falacia contrafáctica y amor eterno, 2017.
https://noticiastm.com/falacia-contrafactica-y-amor-eterno/
López Frida, Los lugares inútiles de la política, 2017.
https://noticiastm.com/los-lugares-inutiles-de-la-politica/
Luna, Carmen, 319, 2017.
https://noticiastm.com/319-2/
Mondragón, Héctor, ¿Para qué la tinta si tengo sangre?, 2016.
https://noticiastm.com/para-que-la-tinta-si-tengo-sangre/
Ponce, Regina, Faiblesse des sens, 2016.
http://noticiastm.com/faiblesse-des-sens/
Paz, Octavio, La rebelión juvenil, 1969.
Todorov, Tzvetan, Ne déshumanisons pas l’ennemi, 2015.
http://www.lfm.edu.mx/media/2723/ne-déshumanisons-pas-l-ennemi.pdf
Sartre, Jean Paul, Présentation des Temps Modernes, 1945.
http://jpsartre.free.fr/page2.html
Vázquez, Ricardo, Amor y orden: sobre la contingencia de una necesidad, 2017.
https://noticiastm.com/amor-y-orden-sobre-la-contingencia-de-una-necesidad/
Wieder, Carlos, Canto a la inutilidad, 2016.
http://noticiastm.com/canto-a-la-inutilidad/

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