Estridencia, demencia, existencia y cadencia

Por: Ricardo Ivan Vázquez López
Zarpados de Diatriba.
Escribo mierda. Mi público se conforma de coprófagos. De vez en cuando los antropófagos disfrutan mis letras. Formalmente, lo escrito aquí es para almas perversas. Escribo mierda, pues es la producción más propia que puedo otorgar. Lo que realmente crea mi cuerpo no son pensamientos, palabras o acciones: es mierda. La experiencia básica es comer. El mundo está ahí para alimentarme. ¿Qué hago con el alimento? Lo proceso, me nutro y lo devuelvo. Devuelvo desperdicio, basura que puede ser útil para el mundo. Las experiencias son refrigerios, mis actos, excremento. El acto de amor es entregarse en totalidad. La representación de mi existencia total es la condensación de mis experiencias: mi desperdicio.
“*”
Los órganos humanos se alimentan y producen. Dios llegó al humano en forma de microbio. Artaud, en su epifanía, da cuenta de la imperiosa exigencia de cambiar la anatomía humana. Nuestros órganos son infectados por la biótica religiosa. La presión de la bondad modifica al metabolismo humano. El órgano no produce lo que debería ni desea lo que necesita. La anatomía humana, mientras esté atestada de organismos morales, está condenada a la eterna insatisfacción. Somos neuróticos porque nuestros órganos mienten al dar y al recibir.
“*”
Éste es mi tiempo. Soy dueño de mi alteridad. Soy capaz de modificarme. El tiempo es la condición para cambiar. Sin tiempo, todo se vuelve estático, inerte, hierático. Pero, vivir temporizado no es sinónimo de alterarse constantemente. La reconfiguración de la existencia propia sólo es posible como acto volitivo.
“*”
El ser, la nada, la trascendencia, la significación, los enunciados, la institución, la revolución: no son relevantes para mí. Lo único que tiene importancia es la propia agonía. Lo relevante para mi existencia es lo que está más allá del margen del lenguaje. Las preguntas filosóficas son embrollos que justifican las inseguridades propias. Preguntar por el origen, la finalidad, la totalidad; cualquier pregunta filosófica es una ficción sin sentido. No me es relevante para existir. Sin ello muero.
“*”
La estridencia es un acto de amor.
“*”
El hombre más moral siempre es un hombre inmoral.
“*”
El mundo es ficción. Invención que surge de la caosmosis personal. Los cobardes recurren al ámbito público, a las normas preestablecidas. El hombre valiente se arroja al sinsentido y comienza a vomitar significantes nuevos.
“*”
Deberíamos preocuparnos más por el trauma emocional que por la trama dramática.
“*”
El acto de creación, la producción biológica, es un acto de resistencia. Orinar en área pública, vomitar en propiedad ajena, cagar parado: romper la lógica opresora del “bien hacer”. El hombre cínico es un aparato de reproducción constante. Eyacula libertad.
“*”
Nuestra máquina deseante siempre está alienada a la máquina social. Nuestros deseos son panoramas, no objetos. No deseamos algo en sí, sino toda una escena. Deseamos pinturas como las de Renoir, Liebermann, Cézanne. Cuando deseamos evacuar mierda, deseamos hacerlo en el baño, en privacidad, con aromatizante, con las paredes blancas, en la comodidad de nuestros hogares. Liberarnos del Deseo es liberarnos de su entramado lleno de significados. Tirarnos al sinsentido. Cagar por cagar. Al final, el sentido lo otorgará el espectador, aquel para el que nuestro acto de cagar en cualquier lugar es una estridencia.
“*”
El loco es el único hombre libre.
“*”
Escribir en prosa, acto académico.
“*”
Écrire dans leur langue maternelle, acte de domination.
“*”
Los ruidos son más significativos que las palabras. Prefiero que me griten a que escriban con signos de admiración. Prefiero que me duelan los oídos a leer narrativas nostálgicas. El ruido, entre más aterrador, cruel, ominoso, siniestro; más revelador, más liberador. El ruido más majestuoso es el estridente. El estallido no esperado. Del que todos huyen. El que causa terror. La estridencia, entre más cercana -como los rayos de los truenos- al acto irracional, más cerca de lo real.
“*”
El verdadero escritor escribe al hilo de la pluma. Detenerse a pensar es autocensurarse. El flujo continuo de ideas no está sometido a la normativa social. Cuando la mano escribe sin detenerse y sin consultar al sujeto, se expresa el inconsciente. La lejanía de la reflexión es sinónimo de la presencia absoluta de lo real.
“*”
Si se quiere ser una máquina producto y no sólo deseante, es necesario ser un vidente. Desarreglar todos los sentidos. Que el olfato sucumba ante el olor fétido del desecho humano, al fin, el gusto de la población general ha sido mermado por la mierda que tragan.
“*”
La refutación es el verdadero diálogo. Si el mundo está dispuesto al progreso (y no ese progreso mojigato del que hablan los científicos y los politólogos) es necesario discrepar. Si me presento ante una feminista, soy misógino; frente a los científicos, soy relativista; frente a los románticos, soy cínico. Sin cinismo, el romanticismo es vacío; y a la inversa.
“*”
A los cínicos les gusta el equívoco entre “alimento” y “experiencia”.
“*”
Cada estridencia tiene como finalidad emerger una línea de fuga, tanto a su productor como a su consumidor.
“*”
Si no han experimentado la maldad, su bondad es hipocresía. Sin danzar en los caminos del hampa no se aprecia la conveniencia de la sociedad. Los vicios son virtudes a ojo de buen cubero.
“*”
Caigo enfermo, luego existo. Las sensaciones de displacer me autoafirman más allá de la masturbación. La náusea me recuerda que tengo un cuerpo. El desamparo me recuerda que soy libre. La angustia es epifanía de la responsabilidad de la que soy propietario. La desesperación avisa sobre la capacidad de voluntad que me es inherente.
“*”
Mi primer amor se llama oscuridad, antes de nacer. El segundo se llama luz, al ser parido. Esos dos amores han permeado mi existencia. Si les da asco mi acción, no miran la belleza de lo grotesco; si aplauden mis palabras, es porque cumplen con su deseo.
“*”
La estridencia es adiáfana. Su materialidad es la mierda. Lo que el autor produce es mierda, lo que recibe el lector es estridencia.
“*”
La mierda es materialidad de un producto maquínico. Su idealidad es la estridencia. Dar al mundo un producto es un proceso. Cagamos, donamos al mundo. El mundo reacciona y coloca significantes a esa mierda. Lo que está en juego es el emplazamiento. ¿Qué hacen con aquello que les damos? ¿Alimentarse? ¿Rechazarlo? ¿Jugar con ello?
“*”
Toda producción, invención, está registrada al margen de lo ininteligible. Todo acto de creación es una mimesis fallida.
“*”
La vida es el constante deambular entre necesidad y hastío.
“*”
La filosofía que no es práctica sólo le sirve a los muertos.
“*”
La revolución sólo es posible como acto personal; eso dice la mercadotecnia. Si deseo ser libre, debo comprar; eso dice la educación. ¿En qué momento uno “es” fuera de un sistema? El pesimismo simplemente es el reflejo de la conciencia. Crear un proyecto es un acto de fe. La teleología legitima la técnica. ¿Queremos ser libres? Comencemos a cagar desenfrenadamente.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *