A las Balas un Click

Por: Paulina Arellano

Ilustración por: María Mayalen Puente Manríquez

El objetivo de este ensayo es reflexionar en torno a la ola de viole   ncia que vive nuestro país, así como proponer al arte, en específico a la fotografía, como un instrumento adecuado para combatir la violencia.

Abordar la violencia no es fácil. Hay mucho que decir de ella desde diferentes ámbitos: el familiar, el social, el escolar, etc. Pero de entre toda la gama de posibilidades, un aspecto interesante es la noción del “yo”. La violencia no es violencia sin la presencia de un sujeto, tan es así que existe como verbo: “violentar”.

El precio que tenemos que pagar cara a la violencia, es muy alto porque implica deshumanización. En lo violento hay una evidente disolución del ser . Es muy notoria la imposición de la voluntad de una persona para someter a otra si de violencia hablamos. En ese sentido se podría objetar que no hay una disolución del ser sino que por el contrario, estamos ante la imposición de una de las partes, del ser que logra someter a otro. Por ello es pertinente preguntarse qué sucede con el sometido, dónde queda el ser de las minorías. Parece que se obliga a las minorías a difuminarse entre la multitud.

En México el problema es bastante complicado, dado que las consideradas “minorías”, hoy son mayoría; pero sólo en número porque siguen siendo obligadas a igualar sus intereses con la “mayoría”. El problema radica en que los que consideramos mayoría, siguen violentando los derechos de aquellos que ven como minoría. Esto trae consecuencias de suma gravedad; cada vez hay más personas que, al ser sometidas, entregan su individualidad y terminan siendo un número más en las estadísticas del INEGI (Instituto Nacional de Estadística y Geografía).

México parece estar atrapado en una guerra que va ganando el crimen organizado. En el sexenio pasado, murieron alrededor de 48 mil personas a manos del narcotráfico, y 10.8 periodistas desaparecen o son asesinados cada año, colocando a México como el país más peligroso para ejercer el periodismo, incluso por encima de Iraq. No hay rincón donde no transite la angustia de sabernos incapaces de generar un cambio importante en la sociedad. El miedo nos tiene paralizados, nos obliga a estar alerta todo el tiempo para subsistir. Vivimos bajo el yugo de un estado que no da pie a que la ciudadanía se organice, critique y construya. Frente a esta guerra, nosotros como ciudadanos y personas, vamos cediendo nuestra individualidad. El estado dibuja un país inexistente, traza un par de líneas y nos dice qué pensar y cómo expresarnos. Estamos sometidos a un gobierno que, si bien es evidente su incapacidad de ganar una guerra contra el narcotráfico, también es sospechoso de ser la guerra misma. La violencia es una realidad ante la que nos hemos limitado a decir: “no me mates” cuando ya la tenemos encima y no hay escapatoria. Muchos podemos no entender cómo México llegó a tal extremo, pero lejos de preguntarnos cómo pasó y pelearnos con el pasado, las preguntas deben encaminarse a buscar soluciones.

El objetivo no es combatir balas con más balas, por el contrario, hay que combatir la violencia con arte. En la fotografía he encontrado un medio por el cual podemos cubrir un frente importante ante esta guerra. Desde su origen la fotografía ha sido un medio rápido de obtener imágenes detalladas que dieran testimonio de distintos acontecimientos . Establece una relación análoga con la visión humana; en ese sentido, la fotografía nos proporciona una visión de la realidad a la cual todos tenemos acceso, por ejemplo “La Bestia”:

Fotografía de Paulina Del Carmen Cortés Licona.

Inicia su recorrido por México en Chiapas, pasa por Veracruz, San Luis Potosí, Monterrey, etc. Esta fotografía representa una realidad que vivimos: la migración; a la cual tenemos acceso, si no vivimos en alguno de estos estados, por medio de la fotografía. El papel que juegan las fotos hoy en día no se reduce a redes sociales; son el recordatorio de una realidad que debemos transformar y, como vulgarmente dicen por ahí, pone el dedo en la llaga.

La fotografía, lejos de simplemente reproducir la forma de vida de una sociedad, presta atención a las personas, sobre todo, las condiciones bajo las cuales viven; de ahí se deriva mi inquietud de proponerla como un instrumento para combatir la violencia. La fotografía documental se convirtió en una herramienta fundamental que nos brinda una perspectiva antropológica y sociológica. Observa las difíciles condiciones de vida de la “minoría” en crecimiento, es decir; la clase desprotegida . Bajo estas condiciones, la fotografía documental es un medio que expresa la realidad social sin caer en la exageración fotográfica de la nota roja o, en su defecto, en el minimalismo fotográfico.

Hay que distinguir entre la fotografía como mera reproducción y la fotografía de, es decir; simplemente por porcentajes, cualquier persona puede sacar al menos una buena foto en su vida, pero así como muchas madres podrían pensar que sus pequeños hijos pintan igual que Picasso, muchas personas podrían considerarse buenos fotógrafos si, al azar, logran tomar una buena foto. Así como en la pintura hay un sin fin de conocimientos que se deben adquirir para ser un buen pintor, el fotógrafo también necesita ciertos conocimientos los cuales debe aplicar en cuestión de segundos de manera rápida y eficaz, para lograr no sólo una buena foto entendida como reproducción, sino para obtener una fotografía de ese instante o momento, en donde hace más que simplemente: “apretar un botón”. El segundo en el que el fotógrafo da click, hace todo un proceso de edición en el cual, al elegir ese encuentre y no otro, toma el riesgo de hacer una mala foto o, darle todo un sentido. Lo explicaré mejor con la siguiente fotografía de un niño en Sudán.

Fotografía de Kevin Carter. Ganadora del premio Pulitzer de 1994.

Kevin Carter fue un fotógrafo nacido en Johannesburgo, Sudáfrica. Esta fotografía dio la vuelta al mundo y generó polémica a nivel internacional. Más allá de las implicaciones éticas que muchos criticaron, me enfocaré en un aspecto muy interesante. Todos sabían que había hambre en Sudán, pero pocos se daban a la tarea de ir y hacer algo. Ésta fotografía hizo ver al todo el mundo cómo es el hambre. Muchos no podían creer que semejante escena existiera. Lo interesante de ésta fotografía es el increíble proceso de edición que Carter hizo al tomarla. La composición de cada uno de los elementos que vemos e incluso que no vemos, es impecable. La profundidad de campo que utiliza le da sentido e importancia al tema central de su fotografía: el hambre. En un segundo plano, la distancia que hay entre el niño y el buitre, dio mucho de que hablar porque el animal al asecho para muchos representó la sociedad capitalista, dejando a Carter como todos aquellos que ven la escena y se mantienen fuera de ella. Al margen de las interpretaciones, lo que quiero hacer notar es que la fotografía no es reproducir la realidad de manera sistemática y sin discurso. El arte de la fotografía se encuentra justamente en captar (no reproducir) la realidad.

La fotografía documental en México es de suma importancia dado que congela y hace evidente la violencia que vivimos. Hay varios ejemplos de excelentes fotógrafos mexicanos que, lejos de enfrascarse en la crítica sin sentido ni rumbo fijo que adoptan muchos, nos hacen notar a través de su lente lo que en muchas ocasiones no somos capaces de ver: al otro.

“El Último Leprosario”, es un libro del fotógrafo mexicano Arturo Bermúdez (editor de Milenio Dominical), en el cual retrata, no solo el último hospital con enfermos de lepra en México, sino también su forma de vida y actividades cotidianas, la alegría que aún queda en ellos y la nostalgia de una vida que se les está yendo a cada minuto. Arturo, le da nombre a todos y cada uno de los doce pacientes que, por más de tres años, se dedicó a retratar. El hospital, en palabras de Arturo, es toda una sociedad y, como cualquier reflejo de la sociedad mexicana; no está exento de distintas situaciones en las que podemos observar y entender, sin necesidad de razonamientos sofisticados, la violencia que hay en nuestro país. Tal es el caso del ex-policía Alberto, quién sentía la necesidad de estar ahí para expiar sus culpas derivadas de muchos años de violencia. Por otra parte, también plasmó el grado de discriminación que sufrieron estas personas y todo lo que se les marginó, incluso, siguen sufriendo las consecuencias de una enfermedad tabú. Se debe salir de la Ciudad de México para llegar a las instalaciones de un hospital edificado en 1939, el cual, el día de hoy se ha convertido en un escenario imaginario, ficticio y olvidado.

Sin duda, uno de los proyectos más impactantes en torno a la violencia es Geografía del Dolor. Elaborado por un grupo de 6 fotógrafos, entre ellos, Mónica González, ganadora del Premio Nacional de Periodismo gracias a este proyecto. Dicha labor consistió en hacer un documental, un libro y una exposición fotográfica en el Museo Memoria y Tolerancia de la Ciudad de México, en la UAEM (Universidad Autónoma del Estado de México), en la Escuela Nacional de Antropología e Historia (ENAH) de la Ciudad de México y en Buenos Aires, Argentina.

Geografía del Dolor relata la historia de 15 familias que son víctimas de la violencia en México. Es una recopilación de testimonios que narran las inconsistencias legales, la corrupción y la impunidad que gobierna nuestro país. Estas personas se niegan al olvido y, en palabras de Mónica –deambulan por las calles exigiendo justicia, sosteniendo lo que les queda: una fotografía-.

Mónica Gonzalez y su equipo de trabajo, recorrieron todo el pías para recolectar estas historias en los estados de Chihuahua, Sinaloa, Tamaulipas, Nuevo León, Coahuila, Zacatecas, San Luis Potosí, Querétaro, Jalisco, Veracruz, Estado de México, Michoacán y Guerrero. En una entrevista que hice personalmente a Mónica, ella plantea de manera muy clara cuál es el objetivo de Geografía del Dolor: “ver las consecuencias de la violencia en México desde que se declaró la guerra contra el narcotráfico”. Es evidente el enorme trabajo que eso implica, dado que el gobierno ve a las víctimas como un daño colateral, como una cifra más que contar o, en su defecto, callar. Miles de familias en México sufren gracias a la violencia y las autoridades, en palabras de Mónica González, “Violan sus derechos humanos al no acceder a elaborar una búsqueda y juicio justo”.  incluso “muchos de ellos han sido asesinados por alzar la voz. Varias familias han recibido amenazas por parte del crimen organizado e incluso del mismo gobierno estatal o federal. Viven exiliados, con miedo, y es esa gente la que se convierte en activista. Quieren encontrar a sus familiares con vida y exigen justicia”. Geografía del Dolor es, según la entrevista realizada a Mónica González “un proyecto para generar respeto y memoria hacia todos aquellos que han sufrido violencia extrema en nuestro país”. Es una labor en la que, a través de distintas organizaciones, se pretende “buscar mejores condiciones para los y las periodistas en México. Con la finalidad de seguir tratando estos temas de manera digna para las víctimas”, comenta Mónica. Geografía del Dolor de ninguna manera pretende caer en el amarillismo o sensacionalismo, definido por la RAE como: tendencia a producir sensación, emoción o impresión, con noticias o sucesos. Evidentemente de manera exagerada y muchas veces sin respeto hacia las víctimas. Lo que procura la fotografía documental en Geografía del Dolor, es justamente darles voz a aquellos a quienes las autoridades han silenciado, no horrorizar a la población, sino poner a la vista de todos uno de los problemas más evidentes que sufrimos y, de manera pacífica, generar la catarsis necesaria para que queramos transformar nuestra realidad.

Graciela Pérez en Geografía del Dolor

Portada del periódico Metro del mes de Enero del 2015.

El proyecto de Mónica González es una excelente propuesta para generar una

cultura de paz. Propone un modo distinto al abordar el tema de la violencia en México. Debemos adoptar la no violencia como estrategia ante el conflicto armado. Éste tipo de proyectos, en donde la fotografía documental juega un papel importante, no solo en el ejercicio artístico, sino en su impacto social, deben tener como fin último deslegitimar y develar la violencia ejercida por el Estado. Poco a poco, se atraerá la atención de la opinión pública ante la violencia que arrasa nuestro país, y la adopción de la no violencia como instrumento estratégico para la transformación social, nos obligará a crear vías de acción pacíficas para contrarrestar sus efectos. Geografía del Dolor es un gran ejemplo de cómo la fotografía documental puede hacer que queden en nuestra memoria aquellos que hoy no están, porque tienen un nombre y una historia, no solo son una cifra más.

De igual forma, “El Último Leprosario” es un ejemplo, no sólo de la importancia de hacer fotografía documental, sino del largo camino que aún nos queda por recorrer para combatir la violencia. Arturo capta y le da vida a una realidad olvidada. La narrativa de sus fotografías es muy completa; Bermúdez no se limita a tomar una fotografía que simplemente describa la cruda vida de los 12 pacientes con los que tuvo contacto, sino que dota de significado su trabajo al recolectar información que le sea útil para elaborar una buena fotografía.

La fotografía documental no es la simple reproducción de un montón de eventos en serie; es probablemente el instrumento más eficaz para poner en mente de todos realidades que, si bien nos parecen ajenas, por medio de la fotografía nos damos cuenta que están más cerca que nunca. A lo largo del ensayo expliqué y ejemplifiqué algunos aspectos interesantes de la fotografía documental. Tal es el caso del contraste entre la mera reproducción de las pseudo fotografías documentales de algunos periódicos y la sutileza con la que la fotografía documental nos sumerge en la realidad.

En el arte es necesaria la presencia de un sujeto que haga o perciba arte, de la misma manera, para que haya violencia es necesario un sujeto que contemple o efectúe actos violentos. De ahí se deriva la importancia de no dejar que la violencia arrase con nuestra individualidad; es lamentable que, ya sea por indiferencia o voluntad , dejemos que México se reduzca a un montón de números rojos. La fotografía nos arroja a una realidad olvidada y hace que nos cuestionemos; si no lo consigue sólo será una foto más que terminará por ser únicamente observada por una sociedad en la que estamos acostumbrada a ver, pero no a fijarnos en las imágenes que componen nuestro entorno. El fotógrafo dispara para combatir la violencia. La violencia dispara a matar.

Bibliografía

Fantz, Ashley, en línea: http://mexico.cnn.com/nacional/2012/01/20/la-lucha-contra-el-narco-en-mexico-muertos-a-cambio-de-millones (consultada el 4 de Marzo del 2015).

http://www.contralinea.com.mx/archivo-revista/index.php/2011/06/12/con-calderon-63-periodistas-asesinados-y-desaparecidos/ (consultada el 4 de marzo del 2015).

Nantes, Colorado, Oscar, Fotografía Documental, en línea: http://www.milenio.com/firmas/humberto_rios_navarrete/Fotografo-lepra_18_368543157.html (consultado el 4 de marzo del 2015).

Ríos, Navarrete, Humberto, en línea: http://www.milenio.com/firmas/humberto_rios_navarrete/Fotografo-lepra_18_368543157.html (consultado el 6 de marzo del 2015).

Moreno, Sáez, María del Carmen, Técnicas fotográficas y sus Posibles Aplicaciones,

“Antecedentes de la Fotografía”, Universidad Complutenses de Madrid, 2002.

The Routledge Companions to Aesthetics, Gaut, Berys (ed.), Chapter of “Photography” by Maynard, Patrick, Routledge: London and New York, 2001.

Omar, Sidi, Cátedra UNESCO de Filosofía de la Paz: El papel de la sociedad civil en ia promoción de ia cultura de paz: el caso dei Sáiiara Occidentai, Nº99, Invierno del 2010.

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *