Forastero. ¿A quién le pertenece el mar?

Por: Héctor Mondragón

Yo también dejé a Julia,
ahora tengo mar,
un mar que quiero vender.

De duración corta (60m), Forastero es un filme que hace caminar al espectador. Le hace sentir la lluvia, la marea y el alcohol.

El retrato de un verano normal, época en la cual tres amigos comparten aventuras, se vuelve frío. Nos bañamos en el mar picado, vamos a pescar vacío. Lo advertimos en blanco y negro; la sensación nos aparta de la realidad, estamos viendo el pasado, algo lejano que no podemos cambiar. Ya hemos abandonado el color.

Durante el estreno de la película en la Cineteca Nacional, el pasado 13 de enero, su directora, Lucía Ferreyra, confiesa que el largometraje capta parte de ella y de su infancia, tiempo que pasó en el Mar del Sur, donde se efectuó la grabación. Escoge a los actores; se ve reflejada en ellos. Ella agrega que incluso podría ser considerado como un western, ya que nos hace «volver a un lugar que ya no nos pertenece».

Cuando se le pregunta a la directora adónde van los personajes, ella nos contesta: «Un poco a ningún lado». A ningún lado, porque no podemos ir adonde alguna vez pertenecimos y en donde tuvimos que separarnos. La ópera prima de Ferreyra no habla de la extrañeza, como ella pretende hacérnoslo creer. Habla de la separación. Un forastero es un nómada que intenta separarse de lo que ama.

Alejarnos nos vuelve extraños, pero no nos permite separarnos; cuando se ama, la separación se torna imposible, por ello es necesario regresar, recordar, grabar para volver a ver. La nostalgia es la anestesia de lo que nunca ocurrió, de lo que se quedó en el tintero de la suposición. Es volver a armar escenarios que parten de la duda y del amor, montar una bicicleta que no nos pertenece.

Podremos ser forasteros durante los meses de enero y febrero, y descubrir, como Tigresa, una pequeña perra que alegra la película, el ritmo de las olas y de los mitos que configuran las caras de los pueblos, de los miedos y de las relaciones más íntimas a través de una obra más sensorial que narrativa.

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