Presentación arte

Por: Carmen Luna

Me pidieron que nos presentara ante ti, y no le veo el caso: tú probablemente no nos vas a
ver jamás y nosotros no te veremos tampoco, y si nos encontramos, casualmente, en la fila
del banco, o en alguna tienda, dudo que nos reconozcas. Por mi parte, tengo casi la certeza
de que no te reconoceré. Es la cosa con esto de escribir: Las personas de nuestro lado
podemos hablarte de cualquier cosa; de situaciones imaginarias, de dolores de nuestra
alma, de la muerte, del tiempo, de la curva de los tallos de las manzanas maduras, o el
perfume de las flores de un jardín que no existe, de un abandono real, o el porqué de la
tristeza que abruma a alguien en cierta fecha. Podemos hablar de lo que sea, y al leerlo,
sabrás más de nosotros, de qué y cómo vemos el mundo, de conocer nuestra imaginación o
nuestro monólogo interior, en ocasiones mejor de lo que lo hacen nuestros familiares, o
amigos, en ocasiones, parejas, y compañeros de trabajo.
Tienes acceso a nuestra intimidad sin que nosotros sepamos de tu existencia. ¿Lo habías
visto así? Es terriblemente unilateral.
Afortunadamente para mí, que apenas sé hablar, que no me gusta dejarme ver, que me
aferro a mi privacidad y a la verdad de mi vida con la desesperación desaforada e inútil de
quién desea tener una sola cosa propia, para poder morir con la fantasía de llevarse algo a
la tumba, puedo escribir y volcar mi contenido en un extraño, impúdicamente.
Si pudieras hacer llegar una parte de ti hasta una persona que podría ser quién sea, cuando
ese ‘quién sea’ nos abarcara a todos ¿Qué elegirías?
Yo, elijo compartir.
Aún si para eso debo romper mis propias mentiras, aún si debo pasar noches sin dormir,
buscando un cómo contar, contarte, contarles: Aún si para eso debo desnudar mis
sentimientos y buscar, y buscar y buscar dentro de mi algo que también haya en ti, para
que, al mirarlo, veamos ambos la misma cosa.
Quizá iremos mejorando conforme pase el tiempo, quizá nos iremos convirtiendo en islas
desiertas, olvidadas por el mundo y secadas por el mar.
Quizá alguno; tú, yo u otro, se va a rezagar o se quedará en el camino y de su voz quedará
solo el eco doloroso del hubiera sido, del hubiera escrito, y entonces, quizá, habremos de
enfrentar que en realidad no falta, porque tal parece, que pese a todo, la vida, como la
física, es una suma cero.
…Y quizá, de tanto andar, iremos perdiendo todo lo que no nos es esencial, y mientras
caminamos, nos iremos limpiando.
Estoy, todo el tiempo, buscando algo: Yo escribo porque nunca aprendí a hablar y no sé
qué otra cosa hacer con las manos.
Yo, soy tantos, que podría ser quien sea, un ‘quién sea’ que significa ‘todos’.

Yo, escribo, y hago bromas, y voy al mercado, y tal vez un día me tropiece contigo sin
querer y sin saber yo habré caminado hasta encontrar a alguien que, sin conocerme, tuvo
disposición de recibir un acto de amor.
Tal vez,
tal vez,
tal vez…
…Esa es la verdadera razón por la que todos caminamos.

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