Cuentitos inquietantes (1)

Por: Carmen Luna

Catabásis (obra para representación mental)

(Sube telón, teatro a la italiana de una sola butaca: la tuya)
(Desayuno típico de sábado en casa de la familia ZZZ; en la mesa lucen deliciosos chilaquiles, platos de fruta fresca,  rebanadas de pan tostado con mantequilla y miel o mermelada. El olor a comida, mantequilla y café con leche satura el aire en un silencio interrumpido sólo por el ocasional golpeteo que hacen la vajilla y los cubiertos al ser usados para comer o servir comida de un plato a otro. En un extremo del comedor está la portezuela que da a la cocina y del otro la que da al jardín, abierta de par en par junto a una ventana que muestra lo soleada y fresca que es esta mañana de sábado.
En la mesa están sentados juntos el señor y la señora ZZZ, que se toman de la mano mientras observan a sus dos hijos con orgullo; Nivóla y Fog, quién hoy ha invitado a Migue, su mejor amigo, a desayunar)  

NÍVOLA: ¡Mamá, la radio! ¡Es la hora de los cuentos!

SRA ZZZ: (A Nívola) Pero cielo…

NÍVOLA: ¡Porfa! Quizá esta vez sea uno distinto. Además si vuelven a contar el de Escher, también es bonito… (con ojitos suplicantes) ¡Andaaaaa!

  1. ZZZ: Anda, Cariño ¿Qué es una vez más o una menos a estas alturas?

SRA. ZZZ: (suspira resignada y enciende la radio, que se encuentra en una repisa cerca de la mesa junto a la puerta que da a la cocina) …bueno.

LOCUTOR:  …Una vez más, con ustedes en su estación favorita, la (ruido blanco impide entender el nombre de la  estación) les ofrecemos nuestro segmento de ‘Cuentos del médico de los sueños’ en la que nuestro querido doctor elegirá un sueño para mostrarnos.

SRA ZZZ: Ese cuento (A Fog) Sírvete, no lo tomes directo del plato. (A Migue) ¿En qué posiciones quedaron, chicos?

MIGUE: (incómodo, tratando de ser amable) Yo soy delantero. Fog quedó…

FOG: (interrumpiendo) …En la portería.

SRA. ZZZ: Felicidades, Tesoro.

NIVÓLA: (por molestar a su hermano) Pues yo sí creo que migue sea delantero, pero a mí me dijo Mariza que nadie quería la portería y por eso te la dieron.

FOG: ¡Cállate, sapo verrugoso!

  1. ZZZ: Fog, respeta a tu hermana.

MIGUE: (intentando disipar la tensión) Todo está muy rico, señora.

SRA. ZZZ: Gracias Migue ¿Cómo sigue tu mamá?

MIGUE: Mejor. Le envió un panqué de arándano, del que dijo que le había gustado.

FOG: (para molestar a su hermana) ¡La rana apestosa te está viendo bonito Migue!

NIVÓLA: (Sonrojada) NO ES CIERTO. ¡Mamá!

(Suena un ladrido agudo, como de perro pequeño)

NIVÓLA: ¡Tarado! ¿Ya ves? ¡Por tu culpa pateé a Eurídice! (hablando hacia abajo de la mesa) ¿Estás bien, preciosa? Ay… perdóname, bonita…

SRA. ZZZ: Nivóla, no se te ocurra darle pollo…

FOG: (sorprendido) ¿¡Eurídice?! …Pero… (se hace hacia atrás rápidamente y levanta el mantel de inmediato para ver a su perro) ¡Eurídice! Dios mío…  (Acaricia bajo el mantel a Eurídice casi llorando de alegría) ¡Eres tú! ¡¡¡Eres tú!!!

(Se escuchan adorables ruidos de respiraciones de perro, jadeos y demás sonidos que hace un cachorro emocionado y contento)

  1. ZZZ: (Impaciente) Fog… ¿Es de verdad necesario que cada vez…

MIGUE: (Confundido) ¿Eurídice? Pero ella… ¿Qué no…

FOG: (con lágrimas de felicidad en los ojos, levanta la parte del mantel de su amigo y señala debajo de la mesa) ¡Sí! La extrañé desde el último sábado que… (Se interrumpe, horrorizado) Dios. ¡No! ¡La puerta! ¡La puerta!

SRA. ZZZ: (intentando hacerle mantener la compostura) Basta, Fog…

FOG: ¡Por favor, mamá, está pasando otra vez! ¡Va a pasar otra vez!

SRA. ZZZ: (desesperada) No lo hagas peor, Fog. Todos queremos irnos. Sólo sigue tus diálogos y todo acabará pronto.

FOG: ¡Va a pasar de nuevo! ¡La puerta! ¿Quién entró último?

MIGUE: Yo fui el último. (Intentando  aparentar que todo está en orden) Pero no pasa nada… ¿o si, Fog?

NIVÓLA: Si. Nada. ¡Fog, por favor! Yo también quería a Eurídice… no lo hagas más difícil. Ya todos estamos cansados por favor, cálmate y sigue.

(con expresión compungida se sienta en silencio)

MIGUE: ¿Fog? ¿Qué va a pasar?

FOG: “¿Qué va a pasar?” Ya lo sabes. Lo mismo que pasa siempre y ni siquiera tratas de oponerte. ¿Sabes qué?  Tú no me hables…

MIGUE: Maldita sea, Fog. También estoy harto de repetir esto, pero quiero acabar de una vez ¿No lo entiendes?

  1. ZZZ: Siempre es lo mismo contigo, Fog. ¿Tanto te importa ese maldito perro como para retenernos a todos en el mismo estúpido desayuno por la eternidad?

(Fog da una mordida al pan con mantequilla y pasa el resto del desayuno en silencio)

FOG: No voy a morder el pan y en definitiva no voy a guardar silencio el resto del desayuno. (Se levanta de la mesa)

(Fog se sienta de nuevo)

FOG: ¡¡¡TU MADRE SE VA A SENTAR DE NUEVO!!! Yo tengo que ir a cerrar la puerta.

(Fog se va a su cuarto por no respetar la acotación)

FOG: ¡¿Cómo que a mi cuarto?! Los paréntesis no te dan ninguna autoridad…

SRA. ZZZ: (ignorando los desplantes de su hijo) ¿Van a querer más chilaquiles?

(Se oye la puerta abriéndose y FOG se da cuenta que es demasiado tarde. Resígnate, ya no tiene caso)

FOG: ¡Demonios! (se cubre la cara con las manos, desesperado)

MIGUE: (Esforzándose por hacer como que Fog no está allí) Si, señora. Ahora, quisiera…

FOG: (Interrumpiendo) Por favor, por lo que más quieras, deja de leer ahora y no vuelvas a pasar más tus ojos encima de esta hoja.

MIGUE: Déjalo, Fog, no tiene caso. Va a pasar lo de siempre, ahí está la puerta abierta.

FOG: ¿No tienes piedad? Para, por favor. Por favor… ¿No te das cuenta que cada vez que lees este cuento tenemos que volver a pasar por esto? ¿Cuántas veces más? ¿Cuántos años más? Si tan solo la historia fuera feliz… No lo es: no acabará bien. Te lo suplico, estamos exhaustos de representar este cuento siempre igual… y mi Eurídice…

NIVÓLA: (interrumpiendo mientras ignora a Fog) ¿Alguien ha visto a Eurídice? Suele correr hacia la calle cuando la puerta se abre…

FOG: Para, por favor… ¡O destruye el cuento! Para que nadie nos piense, o recuerde, o lea y no tengamos que volver a escuchar…

MIGUE: (muy bajo) Perdóname Fog… (A volumen normal) eh, creo que dejé la puerta abierta.

(El Sr. Y Sra. ZZZ se toman de las manos compungidos, Nivóla se prepara mentalmente y aprieta los ojos y las manos con fuerza, Migue le pone la mano en el hombro a Fog, que pone la suya encima, disculpándolo. Todos se tensan en espera de lo inevitable)

(Suena un ladrido y en seguida rechinidos de automóvil que no ha conseguido frenar a tiempo, seguidos por gemidos de cachorro que agoniza.  La familia ZZZ llora sin preocuparse siquiera por fingir sorpresa: No es por el perro por quien lloran)
(Cae telón)

-Pregunto siempre lo mismo, digo siempre lo mismo. Hablar no es actuar: cansa. Me fatiga tanto mi propia voz que acabo por no escucharla durante las consultas. Así no estoy yo, sólo la voz del otro.

-Escúcheme, es la falta de sueño, debería ocuparse más de su salud. Doctor, como doctor: ¿Qué piensa de usted mismo, que usa las cintas de sus pacientes para mantenerse despierto?

-Bueno Doctor, para empezar le pido que me tuteé, hablarse a uno mismo de ‘usted’ es irregular, y luego, le pido que no insista más con eso y que ponga la primera cinta de marzo.

-‘Maurtis Cornellis E. 2/marzo’ Ahora mismo.

“…Vine por un sueño, es… recurrente.  Si, eso imagino. ¿Perdone? Oh. No hay problema.  

Estoy dentro de una casa negra y blanca y mis manos se vuelven locas: de ellas salen serpientes que se hacen de piedra al tocar las paredes. En el centro del piso del cuarto hay una hoja en blanco. Mis manos siguen el parto; escupen tinta formando un charco y debajo del agua aparece una niña de ojos negros grandes y largos cabellos canos. Me inclino y ella estira la mano, le pido que diga algo, pero parece ser en vano, sólo sonríe y roza la superficie líquida con cuidado. La intento jalar por los dedos manchados y su cuerpo sale del agua disparado hacia afuera.

En el aire, como nadando, da ella varias vueltas, manchando de tinta cuanto la rodea y las gotas en el aire se vuelven plumas oscuras de palomas negras que se convierten en un torbellino que la eleva y se dirige hacia mí como una aterradora flecha, espero el golpe pero este no llega. En vez de eso me toma la mano y penetra por el ojo izquierdo, jalándome entero hacia el interior de mi propia cabeza.

Dentro, su pelo empezaba a crecer y se retorcía formando trenzas que poco a poco construían columnas, paredes y escaleras. Sin soltarme la mano avanzaba dejando a su paso construidos edificios y estatuas de mármol a partir de las largas cuerdas de su cabello blanco. De entre las piedras salieron seres acorazados que empezaron a chocar y pelear entre ellos, dejando restos metálicos y sangre negra de cuerpos muertos.

‘Me disculpo, su Señoría, si mi cabeza es un campo mucho más fértil que mi vientre y eso le es de algún modo inconveniente.’ –Dijo entre la timidez y la vergüenza mientras un reptil de color oscuro se restregaba cariñoso contra ella.

Sus palabras parecieron sobreponerse al metálico ruido. Yo ya la había visto antes, era parte de una de mis ficciones, la primera que había imaginado, si acaso.

‘Yo vivo aquí dentro y me temo que cada vez es más difícil que vuestro cráneo logre contener la totalidad de mis creaciones, si no es mucho pedir, le suplico que ya no nos ignore y permita que vuestras manos den a luz aquellos hijos que se gestan en vuestro interior.’

Encuentro en mis manos un lápiz que no estaba antes.  Asiento con la cabeza y me despido de la niña, prometiéndole que la imaginaría seguido para prestarle un poco de mi vida. Entonces recuerdo que estoy dentro de mi propia cabeza e intento salir para despertar: Hago una puerta que me lleve afuera y giro el picaporte con fuerza, pero al salir de mi cabeza que sueña me pasa algo muy raro, doctor…  te encuentro. O a alguien que se ve como tú… y descubro que ese alguien que se te parece me estaba imaginando para perderse en mi voz como si fuera un laberinto.
En ese momento me parece que no existo más allá del sonido y ese otro piensa mi voz como si fuera la letra de una canción… me da miedo e intento escapar, pero sólo me encuentro con que a él lo está construyendo en su mente un tercero que nos hace existir a ambos cuando pasa los ojos por encima de nuestras palabras, tocando letras como si fueran cuerdas de guitarra… y su mirada se convierte en un halito vital que sopla sobre una hoja blanca: de algún modo, mientras nos presta la voz de su cabeza tenemos vida… y creo que ahora, justo ahora, me podría estar escuchando con los ojos, dentro de su cabeza.
Sí. Tú. Te hablo a ti. ¿No quieres saber si a ti alguien te está imaginando?

Ya, ya, paro. Jaja. Perdóname Doctor, sé que no se supone que hagamos eso, pero a veces pasa que me dejo llevar cuando me distraigo y olvido las convenciones…
¿Y bien? ¿Cuál es tu diagnóstico? Porquezzzzzzzzzzzzzzzzz…”

-Pausa. Desde el principio. Póngalo desde el inicio otra vez. O mejor esa parte sola.

-De verdad le gusta.

-Es el final. Me da calma. ¿Sabe por qué nunca publicaron mis cuentos?

-Porque resulta muy raro leer historias sin conflicto.

– No quise construir otros mundos tristes.

-Creo que ya sé por qué no me tuteo.

-Porque siendo el mismo no somos cercanos.

-Es fácil oír al otro, cuesta más estar bien sólo.  

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *