El síndrome de Beauvoir

Por: Nicole Ontiveros

Muchos de los que conocemos a esta gran autora, Simone de Beauvoir, sabemos que fue una de las intelectuales francesas más importantes del siglo pasado, además de destacar en su faceta como escritora, profesora, filósofa y feminista. Un icono de la reivindicación femenina desde la publicación de una de sus obras más importantes, El segundo sexo. También fue activista en movimientos que luchan tanto por la equidad de género como por erradicar las prácticas sociales que reducen a la mujer a un segundo plano. Sin embargo, para muchos otros que se acercan a la obra y vida de Beauvoir fue simplemente una escandalosa amante de uno de los pensadores pioneros del existencialismo, escritor, novelista, activista político y crítico literario francés Jean Paul Sartre. Además de poner en duda sus pensamientos feministas sobre la dominación del hombre, ya que muchos pretenden reducir su papel a una amante a la cual Sartre engañaba. Aunque muchos piensen que esta visión es falsa, algunos otros la tienen presente para desprestigiar tanto la importancia de Simone como para reducir a Sartre a un misógino.

Menciono esto porque hace un par de días, por motivo de la conmemoración del día del amor y la amistad, encontré un artículo que circula por las redes sociales cuyo título era: «8 parejas famosas que debes conocer para entender el amor», donde comparan las relaciones amorosas e incitan a copiar una de ellas para entender lo que es amar. Al principio de este artículo, el sermón sobre “el amor perfecto” como autorrealización.  Después aparece la explicación de la relación de  Simone y Sartre como una forma de justificar la poligamia dentro de todas las relaciones, además de aceptar la reducción del papel de uno subordinado al otro porque eso es el amor perfecto incondicional hacia una persona. Esto y toda una serie de argumentaciones asquerosas de lo que es el amor porque ellos así lo hicieron, vivieron felices y por eso debe serlo para todos.

Debo admitir que al terminar este aberrante artículo me sentí asqueada de que alguien pudiera escribir y decir semejantes palabras; pero gracias a esto pude pensar en dos cosas, el amor de otros como ideal y la felicidad mágica que debe encontrarse al enamorarse como dogma. Es cierto que toda nuestra vida nos han inculcado que al enamorarse de alguien se deben sentir maripositas en el estómago o algo para saber que es amor, una idea bastante burda, pero que finalmente se queda y pretendemos sentir lo que todos para saber que es amor, si no, no es nada.  Parece que ahora el amor se vuelve un algo que se adquiere en cualquier página de Mercado Libre o en citas.com.  Las relaciones se han vuelto fugaces e hipócritas, al grado de malentender la libertad con ser promiscuo o cínico.

Para Simone y Sartre, el amor no es algo que se obtenga en una tienda de regalos ni un ideal que acople el tú debes ser así porque eso es amor. Para ellos, el amor es único, responsable, libre pero también contingente.  Es un amor que va más allá de todo lo que nosotros pudiéramos pensar, único en su esencia. Responsable porque se está consciente de los actos que se realizan y las implicaciones que traen consigo tales actos. Libre porque no existe el soy dueño de lo tuyo y lo que haces. Y contingente por que el amor no es hacia una sola persona, el amor es para todos en la medida en que pueda darse sin afectar la libertad del otro ni mi responsabilidad. De ahí que Sartre explique: «Entre nosotros se trata de un amor necesario, pero conviene que también conozcamos amores contingentes».

No estoy diciendo que seguir la relación de Simone y Sartre sea mejor que cualquier otra, sino que es única. Como único es ese lazo personal hacia cualquier persona, el amor es eso que no es, donde no debe ser. Construyeron un vínculo que sólo ellos pudieron entender  y seguir fielmente. No hay comparación sobre qué amor es mejor ni que eso sea el amor de todos. Ellos buscaron acoplar sus ideales y crearon una vida que sólo ellos pueden vivir  y aceptar porque fue propia. Así que no debe ser igual para todos, ya que cada persona piensa de formas distintas y tiene ideas opuestas. Tampoco digo que en una relación las personas deben pensar o actuar igual, sino que construir un vínculo implica conquistar la armonía, como dice Simone. También es considerar que los significantes son algo íntimo y personal que cada quien debe encontrar por sí mismo y no reducirlo a algo porque eso dicen todos que es.

Por eso, para este 14 de febrero la reflexión es resignificar y desdogmatizar lo que se ha vuelto el amor. Ya que parecería que es un chiste o un objeto que se puede adquirir y botar cuando no sirva. Amar está perdiendo la importancia que debería tener dentro de nuestra sociedad, pero primordialmente dentro de nosotros. Y vaya que nos hace falta sincerarnos con el amor auténtico propio.

Quisiera terminar con esta linda cita de Simone de Beauvoir que dice: «El día que una mujer pueda no amar con su debilidad sino con su fuerza, no escapar de sí misma sino encontrarse, no humillarse sino afirmarse, ese día el amor será para ella, como para el hombre, fuente de vida y no un peligro mortal».

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