El ethos barroco Novohispano en la filosofía de Bolívar Echeverría

  • Introducción

El arte barroco fue un estilo artístico, un modo de expresión durante siglo y medio en la Nueva España, entre el XVI y XVIII. Sus manifestaciones abarcan la pintura, la arquitectura, la música y la filosofía. La palabra barroco proviene del italiano berrueco que se usa para denominar las perlas que tienen forma irregular. El barroco se caracteriza por la saturación y la extravagancia de los elementos en dichas obras, que alcanzan el límite extremo de la invención y de la fantasía (como describe Víctor L. Tapié) y además poseen los menos espacios vacíos posibles. Todos nosotros hemos tenido, seguramente, la experiencia de encontrarnos con estas obras que nos parecen tan fastuosas… así en cada una de las bellas artes antes mencionadas.

Por su parte, Bolívar Echeverría, filósofo ecuatoriano que residió en México gran parte de su vida, menciona que el barroco no sólo fue una manifestación de la alta cultura novohispana y latinoamericana, propia de las clases aristocráticas para ver y disfrutar, sino que fue también una fuerza histórica en el arte del vivir, un hecho cultural en general, una actividad asumida, a fuerza de nuestra propia circunstancia, es decir, el haber sido una colonia. En este texto quisiera explicar cuáles son las características de este comportamiento, empezando por su razón histórica, luego explicar su relación con el autodidactismo, la capacidad que tenemos para adquirir un aprendizaje verdaderamente significativo para nuestra vida, para finalizar con una breve conclusión sobre lo que la investigación de este autor aporta para la época en que vivimos nosotros.

Para empezar, la cultura es cultivo de uno mismo dentro de un grupo social, que es la dimensión de la norma, que es distinto del sistema, que refiere precisamente al conjunto de leyes que rigen el Estado, que constituye la forma de lo que pretendemos ser en sí mismos, como nación, que nosotros, como ciudadanos, acatamos en tanto que es nuestro deber y también cuestionamos porque es nuestro derecho. La Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos es, precisamente, la descripción de las cualidades que deberían de constituir nuestro ser según el compromiso con este país, sería la objetivación de las leyes necesarias, generales para todos, para que nuestra vida pueda llevarse a cabo. Sería nuestra forma cultural política a gran escala, resultado de la deliberación de los individuos, que ejercen la cultura en pequeña escala.

La cultura es, por ahora, una actividad del ámbito de la norma personal y social, es decir, las actividades y las razones de ser de los actos en la vida diaria y de los momentos extraordinarios (el juego, la fiesta y el arte), en el espacio libre que deja la ley que dicta el sistema, este es el claro de la libertad . Cultura es, entonces, llevar a cabo un cierto modo de ser y hacer dentro de la vida diaria en la que convivimos todos que, a lo largo del tiempo, se torna un hábito y una característica esencial a nosotros mismos, un hábito que además retribuye a nosotros un surplus (extra) por medio de la memoria, es decir, el cultivo de nosotros no es sólo un hacer que se olvida después de haberse hecho, y tampoco un mero hacer repetitivo y sin sentido, sino una experiencia que se queda y que nos predispone para después, que moldea nuestro cuerpo y creencias.

Así, cuando vamos a realizar alguna actividad, por ejemplo tejer, sabemos que nuestra capacidad para tejer y la experiencia en ello es distinta comparándonos desde la primera vez. Igual con cualquier actividad, cuando vamos al club de lectura o a alguna reunión con amigos regularmente, se realiza un hecho en colectividad en la que cada uno participa con sus propios modos de ser, y cada encuentro repetitivo es semejante a otros no siendo el mismo, dejan un buen recuerdo o un aire de familiaridad, que nos permite acercarnos y conocernos al menos mientras convivimos.

El conjunto general de estas actividades de la vida diaria y su justificación y fundamento cognitivo o sentimental y sus relaciones entre sí, en conjunto, es decir, el de todos, es lo que constituye la cultura. Mientras, el conjunto particular, individual, de las actividades rutinarias y los momentos extraordinarios es llamado ethos. Ethos por definición significa costumbre, carácter, personalidad… El ethos de cada uno de nosotros refleja la particularidad de lo que cultivamos, es decir, en qué prácticas participamos y cuáles son los valores que nos caracterizan. El ethos también es una característica propia del comportamiento de una comunidad, es decir, también tiene la definición de ser el refugio del que nos protegemos de la escasez y de la nada, que es el vacío, el nihilismo o el sinsentido.  

  • Circunstancia histórica.  

La investigación sobre el barroco lleva a Bolívar Echeverría a ir más allá de los acontecimientos negativos de la época, es decir, es cierto que había catástrofe, miseria, crímenes y agitaciones… cito al autor:

El aspecto peculiar de la conflictividad que caracteriza el acontecer de ésta época tiende a verse cada vez más como el resultado de “la presencia de actitudes aparentemente incompatibles o evidentemente contradictorias en el seno de un mismo sujeto”, que deben ser reconocidas e interpretadas. La convivencia esquizoide de tradicionalismo y búsqueda de novedades, de conservadurismo y rebelión, de amor a la verdad y culto al disimulo, de cordura y locura, de sensualidad y misticismo, de superstición y racionalidad, de austeridad y ostentación… Es un siglo que- a diferencia del que lo precedió y del que lo seguirá – deja que los conjuntos se disgreguen, que las diferentes tendencias que se generan en él se enfrenten las unas con otras y, al mismo tiempo, protege las totalidades, reacopla y reconcilia entre sí las fuerzas centrífugas que amenazan con destruirlas.

A pesar de las malas disposiciones del sistema para ese entonces, las multiplicidades se disgregaron. En estos tiempos, la Nueva España estaba poblada por un sinfín de distintas castas. Lo esencial a notar es que había castas, que no hubo solamente un grupo de criollos que se ciñeran a un estilo de vida español en tierras extranjeras, sino el mismo hecho de que éramos para entonces una colonia pluricultural que, como dicen, su clasificación no tendría fin. Es comprensible qué quiere decir ahora Bolívar Echeverría cuando dice que el barroco fue un estilo de vida en esta época de la Nueva España, es decir, más allá de las circunstancias, la forma del comportamiento social, era predominantemente el ethos barroco.

Este orden barroco no era propiamente cuestión sistémica, más una forma cultural, una norma pre-dominante, que tiene dos aspectos esenciales: su contenido histórico y su esencia histórica. El contenido histórico refiere a ésta época en la que los individuos de la Nueva España acostumbraban a vivir con gran fastuosidad para que se distinguiera su propio linaje, para hacerse notar, en el cultivo de las meras apariencias y los lujos superficiales, al grado de que los virreyes de la Nueva España y los obispos y sacerdotes pregonaban la necesidad de un estilo de vida más humilde. Lo superfluo se volvía necesario porque era lo superfluo lo que les otorgaba un carácter distintivo de los otros, ésta era la valoración que se daba al lujo en ese entonces. Los individuos en el barroco deseaban destacarse a sí mismos, distinto de lo otro, cualquier otro, y esa era la norma. Por el lado de los ricos, el acto de caridad más significativo era donar una prenda de vestir, es decir, un objeto por el que el sujeto pobre podría expresar su particularidad, pues la comida y la bebida no era un bien que distinguiera a un grupo de otro tan categóricamente, no era realmente un privilegio de pocos. Lo que sí es que la caridad de comida y bebida lo frecuentaban para darse, además, un aire de hombres benevolentes y también con el fin de ganarse un lugar en el reino de los cielos, era una exigencia de la Iglesia. Tanto para pobres como para ricos, la apariencia tenía más una función simbólica que una función práctica.

El ethos barroco que les describo refiere, entonces, a una configuración pre-dominante del comportamiento social en un momento de nuestra historia, que consistía en haber dado asilo a un montón de multiplicidades que actuaban como tales. El autor va más allá, afirmando que este comportamiento conforma un paradigma, un tipo de orden general de las cosas de la vida nuestra, que no sólo fue propio del barroco en Latinoamérica, sino semejante para una gran multiplicidad de grupos y que puede encontrarse en varios momentos y culturas de la historia. Una forma, de otras, que marca la particularidad del carácter y la personalidad con respecto a su circunstancia histórica.

Ahora, ¿qué es lo común del ethos barroco que puede encontrarse en otras culturas?, ¿cuáles son las características formales o esenciales del ethos barroco? La principal: que el ethos barroco implica localizarse en una contradicción. Esto significa, adoptar al mismo tiempo la necesidad y la contingencia históricas, lo que el autor llama la elección del tercero excluso, la explicación sería algo así: el orden actual de las cosas es necesario pero también es contingente. Asumiendo esta verdad con respecto al mundo, el barroco consistió en adoptar un modo de ser dis-locado, como cuando los huesos están fuera de su articulación original, dislocación es también la alteración del sentido de un hecho o el sentido de las palabras o las expresiones, dándole un significado según la palabra, dis– es un prefijo que indica oposición o disconformidad y locado de lugar, dejémoslo en opuesto al lugar: aceptando y no aceptando su condición, realizando lo propio en lo ajeno, separándose así de una realidad que parecería insoportable o invivible, adoptando un código impuesto, el casticismo, de un modo que no podrá llegar a ser igual de nuevo en otra parte, subcodificándolo.

Otra de las características del barroco es que con él inicia la modernidad en Latinoamérica, que implica el inicio de la separación de nuestra cultura de la historia de la escasez, que principalmente corresponde al tiempo en el que la capacidad técnica y la disponibilidad tecnológica de los seres humanos no era suficiente para una vida plena continua, sino que la vida misma era esa lucha en contra de la escasez causada por la hostilidad indiferente de la naturaleza. Los imperios, por más grandes que fueren, podían cubrirse de maleza o ser devastados por catástrofes naturales. Empezaba, en el barroco, a desarrollarse lentamente la capacidad para organizarnos en sociedad y vencer las injusticias a las que hemos sido arrojados desde el inicio de los tiempos. Tener un ethos barroco es sólo posible en la modernidad, porque en tiempos de escasez sólo queda vida para sobrellevarla a base del acatamiento estricto al código y al sistema.

  • Aportaciones pedagógicas.

¿Qué aportaciones pedagógicas para nuestra vida pueden ser pensadas y sintetizadas del ethos barroco? La pedagogía, por definición, es la ciencia de los métodos y las técnicas de la enseñanza y la educación. (RAE) En primer lugar, el saber que hay una configuración del comportamiento en el que podemos determinarnos con libertad es ya una gran aportación.

Por otra parte, una de las técnicas y métodos pedagógicos implícitos en el comportamiento barroco es el autodidactismo. ¿En qué consiste la capacidad autodidacta del sujeto que ejerce el ethos barroco? Detengámonos un poco a pensar en otros tipos de ethos. Bolívar Echeverría menciona la existencia de otros tres ethos posibles. Un ethos realista expresa que aquello que es, tiene que ser necesariamente así. Por su parte, al ethos romántico le parecería, de un modo pesimista, un problema insoluble. Para el ethos clásico, existe la contradicción entre ellos, una realidad que le es ajena y él mismo, pero no le parece que sea tan importante. El ethos barroco por su parte, vive en la contradicción, acatando un código pero de un modo en que él mismo pone sus propias determinaciones. El ethos barroco expresa la capacidad autodidacta de conocerse y hacerse a sí mismo, respondería a las preguntas: ¿cuál es mi naturaleza?, ¿qué tipo de relaciones me implican verdadera y necesariamente?, ¿cuáles son mis intereses y fines, cómo cumplirlos? Con ello, al ejercer un ethos barroco, podremos comprendernos a nosotros mismos, como comunidad.

Este ethos barroco también tiene un implícito muy importante, que pone en evidencia que la única naturaleza humana es que no hay naturaleza alguna. La naturaleza sería, en este caso, la cultura, que es la realidad artificial, y fuera de eso, nada. Tenemos que establecer principios y formas de actuar porque así nos protegemos de la nada o el vacío que nos ha sido dado, asido inevitablemente a nuestra experiencia, no significa que seamos nada, sino que no podemos conocernos: es un problema inherente a la realidad de todos, el hecho de no tener idea de dónde estamos y hacia dónde nos dirigimos, esto es un fenómeno aferrado y constante a nuestra naturaleza de seres distanciados del instinto. No nacemos sabiendo, nada y tampoco podemos estar del todo seguros de nada. Lo que sentimos también es una construcción artificial sobre la base de un cuerpo dado, pues en la cultura se moldean las pasiones, emociones o sentimientos. El ethos barroco implica asumir desde un principio esta verdad y construir de ella lo que nos parezca lo más bello y beneficioso para nosotros mismos. Eso es conocerse a sí mismo, con ello, hacerse una filosofía propia.

Luego, ¿cómo repercute esto para todos? El saber sobre la vida es un constante construir y entretejer conceptos, que no son sólo un aire modulado:

Amo tanto las palabras… (…) Brillan como piedras de colores, saltan como platinados peces, son espuma, hilo, metal, rocío… Persigo algunas palabras… Son tan hermosas que las quiero poner todas en mi poema… Las agarro al vuelo, cuando van zumbando, y las atrapo, las limpio, las pelo, me preparo frente al plato, las siento cristalinas, vibrantes, ebúrneas, vegetales, aceitosas, como frutas, como algas, como ágatas, como aceitunas… Y entonces las revuelvo, las agito, me las bebo, me las zampo, las trituro, las emperejilo, las liberto… Las dejo como estalactitas en mi poema, como pedacitos de madera bruñida, como carbón, como restos de naufragio, regalos de la ola… Todo está en la palabra… (…) Tiene(n) sombra, trasparencia, peso, plumas, pelos, tiene(n) de todo lo que se les fue agregando de tanto rodar por el río, de tanto trasmigrar de patria, de tanto ser raíces…

   

Los conceptos no son solo cosas, como la silla verde, la mesa roja, el árbol alto… los conceptos, y los usamos todos, distan de ser simples: el sentido de la vida, sentido del universo, lo ruin, lo triste, lo bello, lo angustioso… todo eso, para cada uno, tendrá ya un sentido y un significado según su propia experiencia y son conceptos complejos.

A lo largo de la vida, la cultura propia se forma de la experiencia en este refugio que hemos construido, porque de algún lado lo hemos sacado, este refugio es, pues, el sistema de producción y el consumo de objetos y la normatividad de los valores: al producir un objeto o una valoración sugerimos que es necesario, eso es lo que construye y constituye la necesidad, al consumirlo asentimos por su necesidad o utilidad. Nuestro ethos no es sólo una cuestión individual, sino siempre una propuesta de ser sociales, esto para todos, nuestra mínima presencia nos comparte y transforma la experiencia de todos. Al juzgar, producimos un acto de valoración, al asentirlo, lo hacemos nuestro. Por ejemplo, cuando criticamos a una persona, directamente a su persona y no sus acciones, lo estamos determinando y, de algún modo, restringimos su libertad, es lo que Sartre llamaría un acto de mala fe.

Así, al final el ejercer un comportamiento y experimentarlo en sociedad es como, a lo largo de la historia de las culturas, se ha llegado a la idea de qué es lo que preferimos y necesitamos todos: la igualdad, la justicia, el ser felices, tener salud… pero no que eso sea nuestra naturaleza, sino que es algo que tenemos que hacer, es nuestro deber. Con el ethos barroco tomamos las riendas del asunto.

  • Conclusiones

Cabe mencionar que el ethos barroco no implica asumir que nuestros problemas no sean verdaderamente problemas, porque parecería que el hecho de que sea una composición dis-locada es indiferente, es absolutamente lo contrario, significa que si la vida que estamos llevando a cabo nos confiere algún tipo de injusticia, siempre tenemos la opción de pensar por dos vías, por la vía de que sólo es una exageración subjetiva nuestra y nos podemos acostumbrar o por la vía de que de hecho amerita una transformación. A la larga, asumir nuestra propia autonomía y aceptar la de otros y la pluralidad de nuestros caracteres y personalidades, nos permite acercarnos a una sociedad cada vez más justa. Es por ello que un ethos barroco  no se forja independiente por completo al orden establecido o pre-establecido, sino que dicho ethos es, con respecto a la realidad o las formas naturales el resultado del ejercicio de la crítica y la reflexión.

  • Bibliografía
  • Bolívar Echeverría, La modernidad de lo barroco, Ed. Era, México, 2000
  • Bolívar Echeverría, Antología. Crítica de la modernidad capitalista, Vicepresidencia del Estado Plurinacional de Bolivia, Bolivia, 2011
  • César Tenorio Gnecco, Características del barroco novohispano, disponible en la red: http://www.arqtextenorio.com/
  • Luis Villoro, Creer, Saber, Conocer, Siglo XXI, México, 1989
  • Miguel de Unamuno, El sentimiento trágico de la vida en los hombres y en los pueblos, Espasa Calpe Mexicana, México, 1976
  • Neruda, Pablo, Confieso que he vivido (poema), 1974
  • Pilar Gonzalvo Aizpuru, De la penuria y el lujo de la Nueva España. Siglos XVI – XVIII, Centro de Estudios del Colegio de México, Revista de Indias, vol. LVI, núm. 206, México, 1996

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