Significación de “El capital” ante la bestialidad capitalista

Por: Nicole Ontiveros Ramírez

Ilustración por: Ariel Omar Orenday Martínez

Es importante conocer el proceso histórico en el que se envuelve una problemática. Para hablar de Marx y su obra El capital estamos obligados a indagar dentro de su contexto, la Ideología y la parte filosófica en la que se desenvuelve su producción. Ahora, para exponer El capital es indispensable remontarnos a la filosofía de Hegel, pues la gran influencia que ejerce sobre el pensamiento europeo, sobre todo en Alemania, está en su auge. Debemos recordar simultáneamente que Marx se encuentra en una época donde la primera revolución industrial estalla, el desarrollo de las máquinas se vuelve mayor, la sustancia y la magnitud del valor personifican un papel primordial en las relaciones sociales, la explotación del obrero ante el capitalista se vuelve más evidente y las condiciones económicas para el proletariado difíciles. Hablamos de un periodo que encabeza la falta de contrapeso de las leyes laborales, la personificación de algunas categorías económicas portadoras de intereses y relaciones de clase, un contexto donde la religión ejerce una gran influencia sobre la sociedad a fin de oprimir al pueblo trabajador a un papel especifico que es ser explotado.  Marx, al verse envuelto íntimamente en esta verdad histórica, toma la decisión de desmentir los cantos angelicales que a su alrededor le hablan, con sus suaves notas, a favor del capitalismo y escribir en contra del nuevo sistema envuelto de un fetichismo sobre los valores, el trabajo y el mercado.

En este punto, Hegel hace su aparición en su pensamiento, ahí donde “la propia historia se puede escribir, sin embargo el tiempo en el que ocurre la afirmación cambia, lo que produce que la afirmación hecha cambie a una negación del hecho” (Hegel, 2010). Hay que aclarar que Marx no usa el método que Hegel  expone en la Fenomenología del espíritu, sino que es una antítesis directa al mismo. Por un lado, Hegel apunta a la desaparición del aquí y el ahora puesto que pueden existir dos verdades sobre la esencia, pero sólo una de ellas se desmiente en cuanto se vuelve universal ya que es indiferente si el hecho suprime la certeza que se tenía acerca del “ser en general”. Por el contrario, Marx utiliza el materialismo mismo para explicar el avance de las ciencias y de la industria, de ahí que argumente: “Mi método dialéctico no sólo difiere del de Hegel, en cuanto a sus fundamentos, sino que es su antítesis directa. […] Para mí, lo ideal no es sino lo material transpuesto y traducido en la mente humana” (Marx, 2013). Se hace evidente la diferencia del método que Marx usa, que es la dialéctica del materialismo absoluto, mientras que Hegel usa el idealismo para explicar que los objetos no se encuentran fuera de la mente sino que estas ideas son reflejo de la propia conciencia que es percibido.

Con este enfoque y crítica Marx se ve en la tarea de exponer en el El capital (tomo uno) el análisis sobre las mercancías, su sustancia y la magnitud del valor y la producción capitalista; empezando por plantearse ¿Qué es el valor? Todo se remonta a la mercancía como tal, su valor de uso y valor de cambio; el primero hecho para satisfacer las necesidades, el último encabezado por el cuerpo de la misma mercancía. Entonces el valor se refiere al trabajo que ésta contiene. Es claro que la mercancía no se hace por sí misma, como por arte de magia, se desprende del obrero, o sea, dentro de la actividad que se realiza va a existir algo que Marx denomina horas de trabajo empleado, en donde el obrero desgasta en la fuerza de trabajo su capacidad física y mental una vez externado el trabajo. Dentro de este periodo el obrero desquita su salario en lo que se llama tiempo de trabajo necesario. Una vez que se le imprime y recae en varias manos la mercancía o se emplean diferentes fuerzas de trabajo se le llama gelatina de trabajo.

 Hasta aquí el valor, pero, ¿cómo surge este proceso de producción que conocemos hoy en día como capitalismo? Le llamamos formas de valor: forma simple, forma desplegada, forma general y forma dineraria. La forma simple es dada cuando la satisfacción de necesidades es el fin primero de la mercancía; hablamos de los inicios de la humanidad, del hombre antiguo. La manera como se le conoce es el trueque, una mercancía se cambia por otra diferente y este intercambio se refleja una sobre la otra. La forma desplegada hace referencia a un nuevo carácter de la mercancía, es posible intercambiarla por cualquier otra que le sea equivalente. La forma general da un cambio decisivo para la humanidad porque el objeto al cual denominamos mercancía ya no va a ser intercambiable, como en el trueque, por otra que se le equivalga. Surgen las primeras formas dinerarias (el oro, la plata, las piedras preciosas) que excluyen a todas las demás, ya que era complejo tener que medir la equivalencia entre mercancías. Esto soluciona este problema de intercambio y adopta una postura más cómoda (hablamos del periodo feudal donde se crean las primeras monedas que eran mucho más fáciles de transportar y más accesibles para llevar a cabo el comercio). Finalmente, tenemos la forma dineraria, la particularidad de ésta es que lo que expresa el valor de las mercancías es el dinero, igual a la anterior, excluye a todas las demás formas de intercambio. El dinero hace relación al modo actual en que intercambiamos dentro del modo de producción capitalista.

En el breve recorrido por las formas de valor es inevitable hablar sobre el acto social que se lleva a cabo dentro de los intercambios, Marx reflexiona esta cuestión y dice que para que la mercancía pueda circular es necesario que ésta tenga un custodio, pues no puede ir al mercado sola a intercambiarse por otra. Necesita a un custodio para realizar un contrato de compra-venta (si bien, no de manera escrita, sí de carácter voluntario) para medir su valor con otras.  Es la <<máscara que enmascara al acto jurídico>>. En este contrato al poseedor le satisface que su mercancía tenga un valor de cambio y para el no poseedor satisface una necesidad o deseo. Una dialéctica que debe existir para llevarse a cabo el acto de la compra. Como dice Hegel: “el deseo de uno que es el deseo del otro. Si no existiera esta condición no funcionarían ni coexistirían los intercambios mercantiles, cada persona se conformaría con lo que tiene y no desearía obtener lo que posee el otro u obtener la máxima ganancia/beneficio de la mercancía que lleva al mercado” (Hegel, 2010). Sin embargo, esta condición existe y es la que nos permite cambiar “lo que ya no es útil para nosotros por algo que lo sea”, pero no deja de ser un deseo de obtener algo más del otro.

De momento hemos llegado al dinero y la circulación de mercancías. En esta posición se puede tener la falsa idea de que las mercancías se miden por el dinero, pero ese es uno de los fetiches que se han encarnado en cuanto a la suma de éste. La mercancía no se mide por el dinero, sino que el dinero se mide por las mercancías. Medio de equivalencia de forma imperfecta para el intercambio universal que no refleja definitivamente el valor del trabajo, “la fuerza de trabajo produce más de lo que vale”. (Marx, 2013) Se refina el establecimiento del valor y se dan los diferentes patrones (libra, peso, dólar, yen…), haciendo posible un intercambio ‘justo’ en el mundo.

Con todo lo anterior ha de concebirse que el trabajo es una situación aislada, pero lo cierto es que, dentro de la medida de los valores, el trabajo es pieza clave para todo el desarrollo. Retomando a Engels: “el trabajo es el motor que ha logrado la evolución del hombre tanto intelectual como física y psicológicamente” (Engels, 2008). El trabajo (entendido como el desgaste físico o mental) No puede etiquetarse de acuerdo a un rango de horas trabajadas, en el modo de producción capitalista se asigna un precio, el trabajo se expresa monetariamente con el precio que es el símbolo del valor llamado dinero. El obrero entra de este modo a la esfera de circulación, se subordina al capitalista mientras desquita el salario que se le paga con el desgaste de su cuerpo. Se vende la fuerza de trabajo a través de un contrato donde el vendedor y el comprador van a intercambiar un equivalente por otro, existe una voluntad entre ambos y se celebra el contrato. A pesar de ello, el contrato no es justo para el trabajador, pues pierde más de lo que gana y no puede salir tan fácilmente de un trabajo injusto (donde se le pague poco, trabaje mucho y pierda todo), ya que necesita obtener los medios de subsistencia para poder sobrevivir.

El hambriento obrero no puede dejar su puesto mal pagado porque no tiene cómo sobrevivir más que trabajando mucho y comiendo poco. Igualmente, el obrero ante este trato cae enfermo en cuerpo, mente y espíritu, su existencia se le hace eterna y se vuelve un suplicio, es más fácil dejarse morir que hacer algo. Fallece aquel obrero tan leal y fiel a su trabajo; puede ser el más productivo y el mejor elemento de la empresa capitalista, pero eso no importa: se puede obtener a otro igual de bueno en el mercado, al fin existe una gran variedad. La bestialidad con la que el capitalista piensa en obtener mayor beneficio posible por sobre la vida de un hombre nos refleja la despersonalización que se sufre en el modo capitalista, y no sólo eso, sino que el proceso hombre-naturaleza desaparece por completo. El hombre mata a la fuente de vida para el mundo entero gracias al capricho del capitalista que hace del dinero un fetiche.

Ya indiqué las condiciones que el obrero enfrenta, pero, ¿cómo percibe el capitalista el grado de esta explotación? Al inicio del proceso de producción, el capitalista invierte su capital, arriesga su dinero y eso le da derecho a querer acrecentarlo como recompensa. La manifestación del capital se da a través de: dinero-mercancía-producción-mercancía-dinero-plusvalor o D – M…P… M’ – D’ (P’). Aquí el obrero contratado va a servir como vehículo para llegar al valor que se incrementa a sí mismo. El capitalista compra la fuerza de trabajo para incrementar su capital, le asigna una jornada laboral, la cual le paga, y en unas horas desquita su salario con el tiempo de trabajo necesario, pero para que el capitalista pueda tener su capital invertido de vuelta y acrecentarlo debe alargar la jornada del obrero en una, dos, cinco… horas de trabajo extra “plusvalor”. La finalidad que ve el capitalista en emplear fuerza de trabajo es acrecentar el dinero que de forma arriesgada invirtió, pero también ganar sin necesidad de intervenir en el proceso; no es tonto, sabe que el trabajo es un desgaste extenuante y prefiere no hacerlo.

Ahora, ¿por qué la necesidad de la explotación del hombre por el mismo hombre? Marx no concretiza esta idea, le da vueltas y jamás lo menciona. Sin embargo, de forma implícita, nos dice que el dinero es el que corrompe al hombre. Fetichiza el dinero, cree que es la fuente de riqueza porque así se admitió al volverse el equivalente general de todas las mercancías. Lo que no se sabe, porque está oculto en la forma dineraria, es que la mercancía tiene trabajo y esto es lo que produce valor. Al pensar que el dinero es el que tiene valor se piensa en incrementarlo a costa de explotar al hombre (modo de producción capitalista), sin importar que cueste la vida de los trabajadores. El dinero es una mera mercancía que no tendría valor si no preexistieran artículos, pero, primordialmente, la fuerza de trabajo humana que los produce. Hegel, contrario a esta idea, expone la dialéctica de las autoconciencias, donde sólo hay satisfacción en otra autoconciencia. Cuando dos autoconciencias libres se  encuentran, una va querer obtener el reconocimiento del otro. Empieza una lucha a muerte por la obtención del reconocimiento, ambos buscan la afirmación de su deseo en el otro luchando a muerte. Sólo gana la conciencia que le ha perdido el miedo a la muerte y se empodera ante el otro que ha sentido angustia de morir, quien prefiere obedecer al otro y seguirlo.

Traducido a las relaciones sociales de producción, el Amo y el Esclavo se van a enfrentar a muerte por colocar su deseo (acrecentar el capital y la supervivencia) sobre el otro. Existe una lucha en la que el Esclavo se da cuenta de que, al no ser dueño del medio de producción, tiene que trabajar para preservar su vida o morir, pero esta idea le aterra, así que prefiere subsumirse al deseo del Amo. El dueño de los medios de producción no tiene miedo a morir, pues sabe que no le es necesario buscar el sustento en un trabajo, sino que éste se obtiene mágicamente al poner a su disposición hombres que lo hagan por él. Se vuelve una conciencia autónoma a los ojos del Esclavo… El poderoso Amo aprovecha esta cuestión para hacer que el Esclavo pierda su voluntad, lo mata poco a poco con la extensa jornada y finalmente, sólo en su muerte, el Esclavo obtiene su libertad (nihilismo). Es ahí donde se desarrolla el capitalismo, en el beneficio de un hombre a costa del otro, en una idea falsa sobre el origen del valor, invisibilizada y reducida al papel del poderoso, autónomo y magnánimo dinero.

Deberíamos cuestionarnos: ¿será que el trabajador está ciego porque no quiere ver? ¿Le aterra tanto enfrentarse al Amo que prefiere el nihilismo a la lucha? Será que el capitalista le ha robado sus ojos, cosa tan banal para su existencia que no los necesita. ¿Acaso será que el dinero se ha vuelto un símbolo de éxito y bienestar que deseamos tener? Ser el capitalista, envidiarlo por lo que tiene y reproducir la misma estructura. Tal vez no sea nada para el nihilista y prefiera quedarse cómodo en su asiento para observar las desgracias que el capitalismo ha traído a nuestra sociedad. No es un tema aislado el hecho de que en la actualidad, los metales que fungían como equivalentes generales y eran atesorados como el oro y la plata se han dejado a un lado, su importancia ha ido disminuyendo y las necesidades de un país cambian según la clase de su desarrollo. Es por eso que ahora lo que cobra mayor importancia a nivel mundial ya no son lo metales preciosos que antes eran tan resguardados y queridos, hoy son los recursos naturales los que pueden garantizar la acumulación dineraria y la sobrevivencia de una zona en específico, de los Estados imperialistas. Un dominio que no sólo se enfoca en tomar y apropiarse, sino que se obtiene a través de tratados, acuerdos y otro tipo de diplomacias, que implican el despliegue militar, principalmente norteamericano hacia los países latinoamericanos y de medio oriente  con el objeto de mantener controlados y fuera de las operaciones a los gobiernos titulares de cada región, a fin de someter y obtener los recursos naturales para venderlos muchísimo más caros. Incluso la dependencia tecnológica y el apoyo económico por parte del FMI, son algunos ejemplos de la sujeción imperialista.  Es importante para nosotros, como ciudadanos de países, bajo este tipo de políticas, reflexionar sobre el régimen capitalista y más aun sobre su fase superior: imperialismo. Cuidar los recursos propios y crear las condiciones necesarias para crear una independencia económico-política-tecnológica-sustentable es acto más importante sobre el que debemos pensar y actuar sin vacilación.

En esta pequeña argumentación no se abarcan todos los puntos que menciona el libro El capital, pero, al menos, sí lo más importante y relevante que contiene.  Es imprescindible agregar que al hablar sobre ideología, hay que plantearnos la siguiente cuestión que Néstor Kohan aborda: ¿es posible leer El capital sin política, sin filosofía, sin subjetividad, sin ideología? Es claro que la ideología es un factor importante en el que Marx cree firmemente, pretende una revolución en donde el proletariado gane su libertad ante el capitalista que le explota y somete sin consideración. Es un punto a tomar muy en cuenta, pero carente de un factor que yo diría es fundamental para cualquier lectura y es la subjetividad humana. Un hombre busca el deseo y ese deseo es el deseo del otro, por tanto siempre estará deseando. A pesar de ello creo fielmente en las palabras maravillosas de Ernesto Guevara, y es que el guerrillero no muere por un ideal, sino que está dispuesto a hacer de este ideal una realidad… Y con ello morir si hace falta por obtenerlo.

“La filosofía representa la lucha de clase del pueblo en la teoría. Por otra parte, ayuda al pueblo a distinguir en la teoría y en todas las ideas (políticas, éticas, estéticas, etc.) entre ideas verdaderas e ideas falsas. En principio, las ideas verdaderas siempre sirven al pueblo; las ideas falsas siempre sirven a los enemigos del pueblo”.

Louis Althusser

 

Bibliografía

  • Marx. (2013). El capital. México: Siglo XXI.
  • W.F. Hegel. (2010). Fenomenología del espíritu. Madrid, España: UAM.
  • (2013). Introducción a la lectura de Hegel. España: Trotta.
  • Engels. (2008). El papel del trabajo en la transformación del mono en hombre. España: Colofón.
  • Kohan. (2003). El capital, introducción. Cuba: Ciencias Sociales.

 

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