¿Vas a ir a la marcha?

DOXA

Por: Gabriel Y. Pantoja
Ilustración por:  Laura Yvonne Franco Cervantes


Burst down those closet doors once and for all, and stand up and start to fight.

Harvey Milk

¿Sabemos de dónde venimos y a dónde vamos?

¿Somos homosexuales sin ser gays?

¿Qué es lo que nos enorgullece del Orgullo?

¿Se ha perdido nuestro propósito?

Preguntas que aparecen frecuentemente en este mes, al que llamamos el mes del orgullo. Preguntas que se responden de la misma manera cada año, mostrando la cara más conocida de esta comunidad desunida, cayendo en clichés cuando pedimos respeto por nuestra particularidad. Marchamos por las calles en las que alguna vez golpeaban a personas que mostraban una conducta “anormal”, sin embargo, sólo gritamos elaboradas porras y tratamos de enviar un mensaje reconstruido sin acordarnos de los pioneros del movimiento.

Hemos adoptado siempre, por nuestra característica de país en continuo aprendizaje del exterior, conductas en todo sentido, político, económico, social. El movimiento LGBT es uno de ellos. Tuvimos razones de sobra para integrarnos, como la persecución, miedo y hostigamiento, la lucha contra el SIDA, la censura, la igualdad, o el reconocimiento. Abrir ojos cegados a la diversidad. Aprendimos a captar la atención de muchas personas, a pesar de que no estuvieran de acuerdo, a alzar la voz y decir “aquí estamos”.

Hombres necios que acusáis (1689), De Profundis (1897),  Oda a Salvador Dalí (1926), The Ladder (1957), Stonewall, un detonador para todo un movimiento (1969), el Frente de Liberación Homosexual de México (1971), Harvey Milk (1977),  Frente Homosexual de Acción Revolucionaria (1978), Lesbians and Gays support Miners (1985), Gilbert Baker (2003), Matrimonio igualitario (2017). Tenemos logros, los portamos con orgullo, los imitamos, pero no tenemos eco.

Existen colectivos LGBT en México, además de las instituciones gubernamentales como la CNDH (Comisión Nacional de Derechos Humanos), CONASIDA (Comisión Nacional para la prevención y control del SIDA), que han estado en constante lucha por la defensa, protección y ayuda a los miembros de la comunidad, su participación es activa en este mes, sobre todo porque es cuando se presta el ambiente para poder salir y buscar ayuda (cosa que debemos cambiar, nunca bajar del asta la bandera del orgullo), tales como ILGA (International Lesbian and Gay Association), Grupo Palomilla Gay, Unigay, AMSAVIH, I.A.P. (Asociación Mexicana de Servicios Asistenciales en VIH), entre otros, donde cada uno, sin fines de lucro aportan servicios como conferencias, orientación, talleres y exposiciones para que la comunidad se acerque y se informe, y para que las personas que no forman parte de ésta también entiendan cuál es el mensaje, cuál es la lucha y  cuáles las necesidades.

Siempre ha existido esta necesidad de ser escuchados, no por vanidad, sino por mera humanidad. Pero tenemos un elemento que no es constante: a pesar de que una de las máximas de toda manifestación de la comunidad LGBT es la unidad, no estamos unidos. Existen muchos males dentro de la comunidad, mismos que luchamos por terminar fuera de: exclusión, clasismo, intolerancia, odio, discriminación. Además, una de las principales razones por el desánimo generalizado a participar, han sido los asesinatos ocurridos en México, 202 víctimas LGBT del 2014 al 2016, que no únicamente son hombres y mujeres cisgénero, sino personas del colectivo transexual y transgénero quienes son el objetivo favorito para este tipo de actos de lesa humanidad.

En México hay muchas personas que no se sienten representadas por ninguna de las letras que coronan la comunidad: LGBTTTIQ. Cada letra tiene su propia lucha, su pedestal, su gente, su motivo de orgullo. ¿Qué pasa cuando no te identificas con ninguna? ¿Por qué luchas? A veces, no podemos responder con meros datos empíricos; pero podemos tomar en cuenta el tipo de apoyo que estamos dando. Considero que hay muchas maneras de contribuir a la lucha a pesar de que formemos parte de ella o no. El respeto es un arma poderosísima, para ayudar.

La participación es fundamental, no únicamente en los hombros de los colectivos, sino también de la comunidad misma. Los asistentes debemos ir con la idea de rescatar los orígenes del movimiento, tal como se desea hacer desde años pasados, con el llamado del Colectivo IncluyeT, a todas las organizaciones que en años pasados dieron alerta de no asistir por mensajes de odio como el Centro para la Prevención y Atención Integral del VIH/Sida de la Ciudad de México.

Lo que tenemos en nuestras manos, nuevas generaciones, es fundamental para poder evolucionar. Si bien vemos una división y politización de movimientos, es deber de todos hacer propia la lucha, saber qué se quiere, si estoy marchando en tacones, en una moto o descalzo, tengo un objetivo, una motivación que me hace querer formar parte de un todo, que me hagan ir con la convicción de apoyar las razones de los que a mi lado gritan: “’¡Viva la diversidad!”. Marchemos, pero dispuestos a decirles a todos aquellos que observan desde fuera que no queremos más, queremos lo mismo; no deseamos todo, deseamos lo justo; no pedimos inmunidad, pedimos igualdad. No nos sirve cerrar filas si deseamos apertura.

Veamos para atrás, observemos, empapémonos de datos, hechos, nombres, propósitos, y fortalezcamos nuestro criterio. Para que en la próxima marcha pisemos nuestro trayecto con y por Orgullo.

Mi nombre es Gabriel Y. Pantoja, mexicano, estudiante de Economía en la UNAM. Interesado en el desenvolvimiento de la sociedad, económica y políticamente, buscador de la opinión internacional y el motivo nacional. Integrándome a las letras.

 

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