Carta Rabiosa

Ilustración por: Ariel Omar Orenday Martínez.

Provocaciones heurísticas

Amigo mío, amiga querida.

Hoy soy lobo que le gruñe a su propia manada. Les escribo con un enojo que remueve mis entrañas. Ante todo quiero decirles, que sé que son buenos y bellos, sé también que no me procuran ningún daño. Sé que aprecian mi presencia en su vida y que me desean bien y felicidad. No escribo por lo que sienten o piensan de mí, escribo por lo que hacen y dicen. Quiero hablar específicamente de sus chistes y sus chanzas; porque cuando les dije que no eran tales sino insultos se veían legítimamente confundidos. Me atrevo a decir que se sintieron insultados de que los llamaran homofóbicos, es comprensible que lo sintieran como un ataque. Lo fue, desde luego, los mordí; voy a explicarles por qué.

Imagina, amigo, que te apellidas Pusilánime, o que tu nombre es Despreciable. Pero no estás solo, hay gente por ahí con nombres bien graciosos. Ahí va Óscar Repugnante, por allá va Jorge Aberrante, en la fila del banco está Rafael Insuficiente, y su compadre, Emmir Insignificante. A la gente le parece muy gracioso tu apellido, Sr. Pusilánime, pero tú has vivido gran parte de tu vida sabiendo que la gente se ríe de algo que no elegiste. Parte de ti, parte de tu identidad, la marca que llevas inserta en tu ser es sinónimo de cobardía, y falta de hombría. Cada día en la escuela, en tu casa, en la tele y en Facebook gente que no te conoce usa tu apellido para insultar a la gente sin honor. Al principio no te molestaba quizá, pero día tras día, gota a gota, ha hecho mella en tu ser. Hoy odias tu apellido, odias algo que no te fue dado y que bajo otras circunstancias podrías presumir como la marca de tus ancestros.

Yo soy gay, mi hermano; no es mi nombre, pero es parte de mi identidad. Gay es nada menos que la forma en que amo y me aman, nada menos que la condición para reunirme en un abrazo que consuela de la vorágine del mundo. Gay soy yo; y el nombre de mi identidad es el mismo que utilizan para llamar a los pusilánimes y a los débiles. Cuando busco “maricón” en el diccionario quiere decir “despreciable” y “homosexual”. Puto es un hombre deleznable, y también el varón que tiene sexo con otros varones. Joto es un hombre insignificante, insuficiente o cobarde, jotos también son dos chicos que caminan por la calle. Usas mi nombre como si fuera un insulto o una burla… No, amigo, mi identidad no es una broma.

Por otro lado, amiga, leí también tu chiste, creo que era un chiste… Leí que el Orgullo Gay era estúpido. “Orgullo tener una carrera. Orgullo sacar adelante a tu familia. Algo que te haya costado mucho esfuerzo”, dijiste “No que te metan la verga”. Que pobre selección de argumentos… Porque yo llevo más tiempo siendo agredido por la forma en que tengo sexo del que tú llevas estudiando tu carrera. No pasan tres días sin que se me discrimine. Sí, en Occidente; sí, en la Ciudad de la Esperanza; sí, en mi escuela y con mis amigos. La forma en que tengo sexo fue un delito mucho tiempo, y todavía hoy en algunos lugares apedrean y castran a los varones que dejan que les metan la verga en cuestión. Y aquí, sin salirte de la ciudad hay chicos homosexuales que se matan porque su familia los odia, porque sus compañeros los odian, porque creen que su dios los odia y han terminado por odiarse a sí mismos. También hay chicas, enamoradas de otras chicas, que son violadas para que se les “corrija” el mal con unas embates entre sus muslos que parecen puñaladas; alguien le dijo a sus agresores que esa cosa se cura cuando conocen a un “buen macho”. Estoy bastante orgulloso de ser quien soy y de los que son como yo, de cómo amamos y cómo cogemos, porque ante el ataque constante de la gente seguimos vivos, fuertes y nobles.

Por otro lado, amiga. ¿Este párrafo no te vibró ni un poco? Tus amigos creen que soy débil e incapaz, como lo creen de ti. Tengo que probar constantemente que puedo hacer lo mismo que otros hombres, como tú. Me subestiman y menosprecian, como a ti. Cuando un hombre es débil o temeroso, queriéndolo insultar dicen a veces “Pareces vieja”, dicen otras “No seas puto”. El mismo machismo estúpido que al que te enfrentas es el que me tiene harto. La gente me dice “jota”, o “nena”, o “mariquita” porque creen que un nombre en femenino es insultante. Otros hombres homosexuales se repugnan de los delicados y afeminados porque todo lo que se parece a la mujer es inferior a sus ojos. La gente también usa tu nombre como si fuera un insulto…

No les escribo hoy como cachorro lastimado, ni como ciervo lacrimoso; les escribo como lobo enfurecido. No escribo desde las lágrimas de la víctima sino desde la pasión de la ignominia. Sé que me quieren, sé que son buenos, sé que no han querido lastimarme a mí ni a los y las que son como yo, pero lo han hecho. Quedo abierto para ayudarlos a entender cómo nos sentimos, quedo atento para platicar y aprender mutuamente. Sépanse, eso sí, que los quiero, pero no vamos a agachar mi cabeza, no vamos a recular. Los lobos enfurecidos no sólo aúllan, sueltan la mordida.

Yo soy Víctor Faccio Lucero.
Coordinador de Nahuales (Homo homini lupus: Sección de Sociedad).
victorfacciolucero@gmail.com

 

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