De homofóbico a aliado: La odisea de un buga.

Por: Fredy Ávila

Ilustración por: Ariel Omar Orenday Martínez

DOXA

Todos sabemos que no nacemos pensando de la misma manera en que vamos a pensar cuando seamos adultos y nuestra ideología esté debidamente formada por experiencias y lecturas, sabemos que es un camino con varios pasos, pero a algunos nos gustaría borrar de nuestra memoria algunos de esos pasos. Por cada lección de aprendizaje, hay un estado en Facebook de 2011 que nuestro antiguo ser (cuyo vestuario entero consistía en playeras de Metallica) escribió creyendo que había descubierto la clave del universo. En honor a la semana de la diversidad sexual, vamos a revisar cómo fueron los pasos de un heterosexual de familia conservadora en este mundo cada vez más aceptante de las diferentes formas del amor.

Tienes 10 años. Tu cabeza apenas se está ajustando a las atracciones sexuales consideradas “normales” como para considerar lo que en esos tiempos era un tabú. Cuando tus amigos te molestan de que te gusta una niña, tu mamá dice “no tiene nada de malo, malo sería que te gustaran los niños”. Tu papá le cambia a la tele cuando sale algún beso entre personas del mismo sexo. No consideras las implicaciones psicológicas y sociales de esto, pues el Episodio III de Star Wars se ve mucho más interesante, pero sigues el pensamiento de tu familia conservadora y crees que la homosexualidad está mal.

Llegas a los 13. La secundaria es un mar de hormonas intentando probar quién es más macho. Tus amigos te dicen que eres bien gay porque no te gusta el fútbol, y te enojas porque tú no eres gay, eres hombre. Se burlan de “el rarito” que habla “pues muy así”, se junta con las niñas, y se sabe el soundtrack entero de High School Musical. Cuando los maestros organizan un debate sobre temas controversiales, uno muy popular es el de “los gays”. Los compañeros dicen que está mal matarlos, pero que no deberían adoptar porque molestarían mucho a los niños en la escuela. Piensas que tienen un punto. En todo momento hablan de ellos como especímenes que se debe considerar qué derechos darles, nunca como humanos.

Cumpliste 17. Te consideras tolerante, todas esas imágenes de “Love is love” te llegaron. Discutes con tus papás porque ellos dicen que la homosexualidad contradice a sus valores y a la misma naturaleza, pero tú ya eres bien “gay-friendly”. Incluso hasta tienes un amigo homosexual, que en ocasiones te desespera, porque es como “muy así”, no crees que tenga nada de malo que sea gay, pero crees que a veces se pasa y actúa demasiado, como si quisiera cumplir todos los estereotipos. Cuando argumentas que ser gay no es una elección, dices “la verdad, ¿quién quisiera ser gay?”. Constantemente dices que tú los respetas, “siempre y cuando a ti no te intenten hacer nada”.

Ahora tienes 22. Te has dado cuenta de tus errores y de todas esas pequeñas agresiones que estaban en las cosas que decías. Te es más fácil identificarte con la lucha por la equidad porque varios de tus amigos, algunos de toda la vida, ya salieron del clóset. Recuerdas todo el contexto de la vida en secundaria y no imaginas lo horrible que ha de haber sido vivir eso siendo un adolescente de 13 años confundido sobre su sexualidad. Ellos te cuentan los problemas que pasan, y haces su lucha tuya también. Una de las mejores partes es cuando se unen a redes sociales de citas y te dicen a quiénes de tus amigos machotes se encontraron ahí. Sigues discutiendo con tus papás, pero han comenzado a abrirse un poco. Disfrutan mucho de programas con diversidad, y los personajes LGBT son de los que más risa les dan. Parte de ti lo considera algo bueno, recuerdas cómo hace varias décadas las personas afroamericanas comenzaron a ser más aceptados por sus roles como músicos y actores; la otra parte pondera sobre si realmente es algo bueno poner a la comunidad LGBT como bufones del mundo, pues una parte del humor proviene de su manera de hablar o reaccionar a las situaciones.

Algunos grupos de amigos creen que está bien hacer bromas de “putos” y “maricas” enfrente de ti, diciendo que ellos respetan, pero están “entre cuates”. Cuando te comparten imágenes homofóbicas tipo “Príncipe Felipe” se mueren de risa, pero cuando les pides que te expliquen la broma, te dicen que no es en serio y que no te ofendas tanto.

No te podrías interesar en programas tipo “RuPaul” ni aunque te pagaran, pero reconoces su importancia dentro de la cultura LGBT y su estatus de ícono, y te alegra que la comunidad tenga esos puntos que la una.

Te has alejado de la mayoría de los estereotipos de “heterosexual interactuando con personas LGBT”, sólo conservas algunos porque les encuentras un tipo de justificación. Cuando alguien te dice que es LGBT, indagas y generas plática, no porque los examines como si fueran animal de circo, sino porque te están compartiendo una parte que no es cosa cualquiera de su vida, una parte que cuenta parte de su historia y de su lucha, y no consideras apropiado decir el típico “ah, ok, no tiene nada de malo”. También a veces tienes la idea de presentar a dos amigos tuyos sólo porque los dos son homosexuales y del mismo sexo, no porque creas que todos los homosexuales se atraen entre sí, sino porque sabes que es más difícil conocer a alguien siendo LGBT, pues aparte de las adversidades con las que tiene que lidiar un heterosexual (si tiene pareja, si no le atrae, etc.), también tienen que lidiar con la represión a sus preferencias que viven algunas personas, y prefieres arriesgarte a presentarlos.

Reconoces la existencia del privilegio que tienes por ser heterosexual, y que hay cosas que jamás tendrás que pasar, como salir del clóset con tu familia, o considerar que en alguna parte del mundo es ilegal ser quien eres.

Has llegado al punto de discutir con personas LGBT y practicar un discurso más tolerante que el de ellos, pues se quejan “de los que son putos y andan con cosas de mujeres, yo soy gay pero no puto”.

Sabes que aún tienes cosas que aprender y tienes espacio para crecer, y eso está bien, porque también el mundo lo tiene. Todavía no tienes muy claros todos los conceptos, ideologías y preferencias que existen, sobre todo porque últimamente parece que hay uno nuevo cada día, pero sabes que todo es parte de la lucha de la que eres parte, que involucra a varios de tus seres queridos, y personas que jamás conocerás, pero sabes que tienen el mismo derecho a disfrutar del amor y de la sexualidad. Sabes que has pasado por un gran camino, y que la tolerancia es un viaje constante.

Sobre el autor: Se dedica a estudiar Derecho Laboral en la UAM Azcapotzalco y a poner memes burlándose de los homofóbicos y derechairos en Facebook. Saber que él sería su personaje favorito si su vida fuera una serie de televisión lo tranquiliza en tiempos difíciles. Probablemente le caerías bien.

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