Santo

Ilustración por: María Mayalen Puente Manríquez

Las piernas le temblaban y su ritmo cardiaco se crecía como pasos de gigante en su azotea, palideciendo al punto de asemejar un cadáver frío y lúgubre; era un manojo de nervios y ansias revoloteando amarrados. Las averiguaciones, si me lo preguntan, no fueron ya después necesarias, aquí los temores hundidos entre los cristales de su sudor quedaban una vez más expuestos. Imagínense la sorpresa que se llevó Gabriel, cuándo entró a la habitación y lo vio desnudo, con esa estatua gigantísima de alabastro entre las piernas, bañada de sal y espuma. No se lo esperaba, por supuesto, pero ya estaba adentro.

Aquel enorme monumento ensordecía entre el mar de sus gemidos. Ni lo había visto entrar. Tenía los ojos entrecerrados mirando al techo azul de su habitación; las montañas de sus manos le tocaban los pechos y esas piernas deliciosas y brillantes, pilares del sexo que lo invitaban a redimirse, también temblaban de goce. No se lo esperaba, empero, no desaprovecho el momento de quedarse, de rendirse ante el desnudo de su dios imaginado; permaneció, y cuándo por fin terminó, Gabriel, seguía ahí mirándolo: con las manos entre el pito, uno hecho de alegría, rozagante, apunto de consuelo. Que más le quedaba: la fantasía era el único medio para entregarse. Notó entonces que se quedó más tiempo del esperado y el encuentro fue inevitable. Se miraron a los ojos; por un momento, Gabriel, quería salir corriendo y borrar de su memoria el evento; el pesar era inmenso, no obstante, cómo en un principio sólo pudo permanecer inmóvil, quería descubrir qué cosa era ser delatado por las ansias del sexo. Cuántas veces le escribió sin éxito a esas nalgas, ya ni podía escribir su nombre sin sentir ardor en las manos. Sentía culpa de estar ahí y de pensar todas las noches en su cuerpo. ¿Acaso el pecado se cura en sus labios?

Entonces, Javier, el adonis exuberante lo vio allí parado, pasmado y aún con el pito de fuera, temblando de amor, expuesto. La sorpresa del encuentro le obligó a preguntarle sólo una cosa “¿Se te antoja?” ¡Vaya pregunta!, otra de las múltiples formas en que Javier le destrozaba la vida. Máas esta vez su voz emergía del éxtasis, y con firmeza admitió Gabriel por primera vez un sí rotundo. ¡Sí!, ¡se me antoja!, pero no soy capaz de responder a otra pregunta, porque tu rechazo siempre va a ser un vacío infértil, usted se siente como cuando en el sexo no soy capaz de tocarlo. Imagínese la locura tan tremenda que me provoca. ¡Loco!, ¡Loco!, ¡Un mMaldito lLoco! por esas nalgas y esas manos enredadas entre tus venas!. Cargas en tu pecho la masculinidad en cuyaque en delicada pendiente nacen los soles que incendian mi alma. Que increíble poder, no puedo… Nno puedo pasar por alto ese tremendo monumento que se yergue entre tus piernas, alimento de dioses, no puedo. Si me preguntas, esta noche no puedo más que sólo agachar mi cabeza a tu cuerpo, arrodillarme a rozar con mis labios la cima de tu falo, a pecar por probar el inconmensurable poder de tu virilidad vibrante. Sí, se me antoja, ya desde hace muchos años.

Egon Schiele, Stehender Mann 1913

Datos

Nombre: Camarillo Quiroz Edwin

Edad: 21 años

Residencia: Tultitlan Estado de México

Celular: 044-5570732582

Correo electrónico:  ferret_crazy94@hotmail.com

Facebook:  https://www.facebook.com/edwin.cuicatl

Twitter: @EdwinCuicatl

Estudiante de la licenciatura en Psicología en el Centro Interdisciplinario de Ciencias de la Salud, Unidad Santo Tomás del Instituto Politécnico Nacional. (CICS-UST IPN)

Promotor Cultural de la misma unidad Académica en donde he colaborado en la difusión y promoción para la realización de eventos de índole cultural y académico (Caravanas Culturales y Conferencias de Arte).  

Temas de Interés: Arte, Literatura, Educación, Cultura, Política, Sexualidad, Economía, Feminismo, Filosofía, Psicología, Música, Pedagogía, Derechos, México.  

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