El amor abrasado por la literatura

Por: Brian José Alavez Trujillo,  Lic. en Filosofía por la UNAM

Conferencia dictada el 14 de agosto de 2014

Hoy en día se polemiza y se diserta sobre un sinfín de temas. Podemos hablar sobre crisis económicas muy fuertes, hasta temas trascendentales como explosiones solares que ocurrirán en miles de millones de años. Hay una variedad infinita de temas que se prestan a una ardiente polémica como la política, la religión y ni qué decir del fútbol, empero, entre tanta mezcolanza hay un tema que me salta y me he preguntado el porqué de su olvido o importancia. El hecho anterior debería de sorprendernos, ya que, todo ser humano ha sufrido, experimentado y gozado los dotes del amor. Siendo un poco quisquilloso, no recuerdo a algún contemporáneo o coetáneo en nuestros tiempos que haya reflexionado sobre el tema, sea de manera seria o no.

No está en discusión la importancia de este sentimiento; ahora bien, la importancia radica en la misma universalidad del amor y por ello la dificultad de entenderlo, es decir, conocemos el amor en sus diferentes rostros, amor de familia, pasional o de amistad. Parece ser un mismo sentimiento pero dirigido y realizado de manera diferente; así, para no pretender que el amor es plática de cantina apuntalémoslo hacia el amor pasional, es decir, el amor entre el amante y el amado.

Aún con este ligero enfoque limitado el tema no es fácil de abordar, pues ¿qué importancia tendría el hecho de tematizar el amor entre amantes? ¿Por qué no tematizarlo en la práctica? Tal vez es precipitado enunciar que, el cómo concebimos la relación entre amante y amado conlleva a consecuencias importantes, tanto como modificar nuestra cosmovisión y el andar en la vida cotidiana; para ello,  abordaré este tema desde dos grandes obras literarias La tragedia de Romeo y Julieta de William Shakespeare y Don Juan Tenorio de Miguel de Zorrilla, no con la intención de agotarlas y explotarlas, sino más bien utilizándolas como pequeños senderos de luz para que el escucha pueda entrever una oposición entre las dos obras citadas. Siendo aún más agudo, la oposición que yo veo (cómo se ve concibe el amor en el “mundo” clásico y cómo se concibe en el “mundo” moderno –el cual nos es más próximo-) acarrea diferentes consecuencias éticas como políticas.

  • El mundo clásico y la creencia del alma.

Hablar de algo que no se ve no es nada fácil, y más aún si queremos justificar o explicar al ser humano con eso que no se ve; además, hay que agregar que el alma pertenece ya a otra época, hablar del alma hoy en día es como hablar de duendes, príncipes y amor verdadero, ¿desde nuestra época podríamos hablar de alma, o estaríamos en la disposición para entenderla? Para no perdernos en la historia del alma tal vez la psicología moderna es la piedra angular para identificar cuándo perdimos u olvidamos el sentido trascendente e inmaterial del alma. A grossísimo modo, la pysché o el alma era aquello que dirigía nuestra voluntad o nuestros movimientos, así la psicología moderna, más que seguir tratando con algo invisible e intocable, buscó la manera de hacerse ciencia, reduciendo el alma en materia y objeto de conocimiento; así, hoy en día nuestra alma se ha rebajado al cerebro, el cerebro es quien rige nuestra voluntad y nuestros movimientos. Ahora bien, ¿qué consecuencias tiene ello en relación con el tema del amor? ¿Cómo se explica el amor desde esta perspectiva? Que el amor sea una suma o disminución de químicos producidos por el cerebro o el cerebro no nos sorprende, hoy en día es la respuesta más culta.

Proyectémonos o viajemos a una época donde difícilmente había disecciones de cuerpos humanos  y en donde el hombre podía ser explicado ,no sólo con ciencia, sino con poesía, arte y pasión. Todos hemos escuchado alguna vez el nombre de William Shakespeare, todos hemos escuchado la obra celebérrima Romeo Julieta, obra polémica e infinitamente interpretada desde diferentes puntos con vistas desiguales, pero siempre el tema del amor verdaderos ha de salir a flote.

Tal vez reflexionando sobre algunos puntos, matices, tramas y personajes de dicha obra, podamos desentrañar cómo se concibe el amor desde esta obra literaria y apreciar el aroma clásico de Romeo y Julieta.

Comencemos por Romeo. Romeo, joven apuesto y admirado por toda Verona, sufre. Sufre por el rechazo de Rosalina, Romeo se ha enamorado y sufre porque quiere. ¿Cómo es posible que se haya enamorado? Esta mujer es casta, y ha jurado permanecer así hasta el resto de sus días, Romeo no la ha tocado, no ha respirado su perfume, a duras penas la ha visto, ¿será acaso que la vista fue suficiente para que la imagen de Rosalina se impregnara en el corazón de Romeo? Pero, ¿cómo es posible si el corazón de Romeo no es cera para sellos? ¿Hay manera física o mecánica para explicar el amor de Romeo? Desde los tiempos de Shakespeare no, desde nuestros tiempos nos encanta explicarlo desde la ciencia, con cuerpo y materia.

Romeo avanza y no sabe qué es, ni su familia ni amigos pueden consolarlo ni distraerlo, pero, por azares del destino, ha olvidado a Rosalina al toparse con Julieta. Ha olvidado de pronto ese amor tan punzante y ahora se aferra a una mujer de no más de 14 años, ¡pues vaya que Romeo sí tiene un corazón de cera! Pues su deseo ha fundido el nombre de Rosalina. ¿Qué nos debe de llamar la atención de este hecho? Con la figura de Romeo tendríamos que pensar qué es lo que nos impulsa a enamorarnos, ¿acaso es el sentido de la vista? Si es así, ¿por qué no nos enamoramos de cuanta persona se nos aparece? No dudo que haya quienes asienten con la cabeza, mas no es menester confundir amor con calentura. Habrá quienes argumenten que hay quienes se enamoran de personas similares, incluso se enamoran de sus hermanos y hermanas, pero la cuestión es si el amor se reduce a la atracción de un cuerpo; o bien, hay algo más que nos orilla a enamorarnos, que quizá se dé el caso de que nunca las hayamos visto antes.

Por el momento dejemos a Romeo y reflexionemos una cuestión muy interpretada y discutida en el mundo actoral y teatral, dicha cuestión es el amor que pudo haber tenido Julieta por Romeo. El tema es muy discutido, pues se duda de la fidelidad del amor de Julieta en tanto que ella es muy joven para amar, una inocencia de catorce años, ¿qué puede saber del amor verdadero?  Aunado a lo anterior se arguye que Julieta sólo ama a Romeo porque es el “primer” hombre que ha visto y tocado. Es cierto que la figura de Julieta remite a la imagen de la niña bien resguardada en su casa, empero, si somos más agudos con Romeo y Julieta, nos damos cuenta de que Julieta ya ha tenido contacto o acercamiento con un hombre en la escena V del acto I: Paris. Lo que llama la atención es que este pequeño matiz refleja que un primer contacto con un hombre no es suficiente para encender el corazón de Julieta, ¿por qué no? Si entre la nodriza y lady Capuleto balbucean ante los encantos del conde Paris. Tal vez podríamos considerar la existencia de las almas gemelas pero eso presupone que podemos aún creer en el alma.

Otro de los puntos más destacables de esta obra es el destino. Considero que la mejor escena que representa ello es cuando los amantes se encuentran en el balcón, ¿cómo o por qué podemos decir que vemos al destino? Romeo, arrojado por un impulso o una fuerza, se lanza a la trampa de su enemigo, pudo toparse con lady Capuleto, con la nodriza, o con el mismo Teobaldo, pero por un baile de azares se encuentra con su amada Julieta. Aunado a lo anterior, Julieta empieza a derramar su amor por la boca; momento demasiado oportuno. Romeo ha corroborado que su amor es correspondido y Julieta sabe que es amada.

¿Cuál era el destino de estos jóvenes amantes? ¿Podríamos nosotros entender o concebir el destino? Creo que podemos entender el destino de manera muy general; y sin caer en academicismos, es la tendencia a un fin, un camino ya establecido, ya dicho, ya escrito: hay un orden al que obedecemos clara o ciegamente. En el caso de este noble amor, ¿podemos reducir el destino de estos jóvenes a la fría y precoz muerte? Una mirada superficial podría asentir con facilidad, sin embargo, pensemos que desde una perspectiva moderna ¿qué habría más allá de la muerte? Bajo nuestra herencia y contexto ¿hay quienes podrían decir que hay algo después de la muerte?, ¿un cielo?, ¿Un infierno?, ¿Una trascendencia? Difícilmente creo que alguien ose retar a la ciencia y al atomismo material. Hay que invertir el asunto. Si creyéramos en alma y trascendencia, la muerte de Romeo y Julieta es lo más bello y lógico que Shakespeare pudo haber hecho. Romeo y Julieta son como las únicas dos flores del desierto, es la única prueba de que puede haber vida y belleza al mismo tiempo, donde sueño y realidad se eclipsan; empero, ante un ambiente tan desolado, triste, lleno de odio, lo único que podía hacer el dios del teatro fue retratarlos para después tatuarlos en nuestro corazón y en nuestra memoria. La muerte de Romeo y Julieta sólo significaba una cosa: su amor era demasiado bello para estar en este mundo.

Dejando de lado la muerte de la belleza que retrata Shakespeare, ésta tiene un fin en el mundo de guerra y hambruna: paz, el amor de Romeo y Julieta consumado en la muerte petrifica el caos que azotaba a Verona. Capuleto y Montesco se extienden la mano cual hermanos.

Consideraciones

Si bien las reflexiones sobre La tragedia de Romeo y Julieta parecen un tanto dispersas, lo que quería resaltar es lo siguiente: desde una perspectiva del mundo clásico, pareciera que el amor inmortalizado o idealizado, tiene sentido desde ciertos andamios del cosmos clásico. El amor o la relación de Romeo y Julieta parece absurdo e infantil con la supresión del alma, es decir, si no creemos en el alma no hay nada que justifique la consumación de estos dos pues, ¿qué tenían estos dos en común que se encontraron? ¿No está muy arraigada esa frase, si quieren arcaica, de las almas gemelas?

Desde un punto mecanicista no puede existir ni drama, ni tragedia ni amor. Para Romeo, aceptando la tesis del mecanicismo; la nodriza, lady Capuleto; incluso Benvolio, son tan complacientes como lo es el cuerpo de Julieta.

Si aceptamos que todo tiene causa eficiente –algo propio de la modernidad- el suicidio de Romeo y Julieta es reducible a una severa falta de serotonina en su cerebro y por ello se matan. Es interesante contraponer la explicación que nos da la perspectiva moderna con otra, la clásica. La moderna nos hace “dueños” de nuestro destino, todo lo que pasa en nuestra vida podemos descubrirlo por medio de la razón, y si erramos en ello es porque no teníamos el método adecuado para responder al porqué. Desde la perspectiva clásica, nuestra vida se rige por el destino, podemos conocerlo o no, sin embargo, el destino sólo es revelado a la divinidad.

Finalmente, otra oposición tremenda entre la perspectiva moderna y clásica, es el cómo responden al para qué del hombre. La ciencia moderna responde que la función del hombre, dentro de un “ecosistema” es mantenerse, y para ello tendrá que pasar por encima de lo que sea, en slogans populares, sólo el más fuerte sobrevive. Para la modernidad, el hombre es para el cuerpo y para mantenerse a sí mismo. Desde la perspectiva clásica, el hombre tiene un destino y un telos, es decir, una trascendencia. El hombre no sólo vino a poblar la Tierra, en algún sentido, el hombre tiene una misión en el mundo, cada ser humano embona para darle sentido y orden al mundo, ¿acaso la muerte de Romeo y Julieta no sirvió para traer paz a Verona?

Hasta el momento ya he dicho bastante de Romeo y Julieta, he resaltado los puntos clásicos que atraviesan la obra y he hablado de la modernidad con varios supuestos, ahora hay que adentrarnos aún más a la modernidad, para ello, empecemos por analizar Don Juan Tenorio.

El mundo tenoriano, o el nuestro

El nombre de “Don Juan” es tan conocido y célebre que se ha enraizado con nuestra lengua coloquial, la expresión de “Don Juan” es proporcional y comparada; desde una persona pícara, hasta el güilo-golfo, sin más Don Juan remite al hombre mujeriego. No vengo aquí a hablar de Don Juan con una autoridad Sacerdotal o moral, ya que, si bien he hablado de Romeo y Julieta, considero que el ideal que subyace en Tenorio nos es más cercano que el ideal relatado por Shakespeare. Como el público se habrá dado cuenta, excavé la obra shakespeariana  desde la panorámica del mundo clásico; en este caso, para Don Juan Tenorio, ocurrirá de manera diametralmente opuesta.

La historia de Don Juan puede reducirse a la historia de un hombre calenturiento, que comete un sinfín de crímenes y que parece no tener castigo suficientemente severo como lo son sus faltas. No es menester volver a contar la historia de Zorrilla en esta pequeña conferencia, más bien resaltaré algunos de los hechos ocurridos en este drama para ilustrar al escucha aquellos que ya hayan leído tan “cómica” historia, recordarán y sabrán de lo que hablo, los que no han tenido la dicha, espero que mis señalamientos les ayuden a encontrar la obra en sus corazones.

La historia comienza en el cinismo de Don Juan, pues éste presume, y a la vez compite, con su mejor amigo. Presume el número de mujeres que han estado con él y ha ganado la apuesta. Ante la molestia de Don Luis Mejía, éste le propone un gran reto: seducir a Doña Inés, la cual ha jurado su vida y amor a Dios; además, dicha dama se haya en un convento custodiado por mil monjas. El reto consiste, en pocas palabras, en hacer corruptible lo que parece incorruptible.

Usando un gran atajo, Don Juan Tenorio obtendrá su cometido, corrompe a Doña Inés, ésta se enamora del sinvergüenza; es probable que el bandido también, sin embargo, el crimen de Tenorio no es el haber logrado que Doña Inés olvidara su amor a Dios, sino el hecho de dejarla abandonada; y tal vez olvidada y, huye del castigo. Don Gonzalo –el padre de Don Juan— muere, ¿pero de qué muere? ¿Muere por la vergüenza que su hijo le ha generado? O, ¿muere porque ha perdido a su hijo? Doña Inés también muere, pero su muerte no es clara: ¿muere de desamor, humillación o de esperanza? Sea el caso, Tenorio parece ser un asesino.

Tiempo después, haya sido por verdadero remordimiento o por insensatez, Tenorio regresa, ¿a qué? Al parecer busca el perdón de Doña Inés y de Don Gonzalo, que curiosamente son representados en escena como viejas estatuas dentro del cementerio. Finalmente, Juan Tenorio pide perdón ante el señor.

Sin duda hay un sinfín de elementos a interpretar en la obra de Zorrilla, pero empecemos por el más importante. ¿Podríamos llamar amor a los diferentes encuentros tuvo Don Juan Tenorio? ¿Por qué no inclinarnos a decir que Don Juan era un Romeo con un número infinito de “Julietas”? Ante estas preguntas, hay que ser aún más modernos para entender a Don Juan Tenorio. Desde el punto de vista de la modernidad, hablar sobre el alma es un gran supuesto metafísico y epistemológico. ¿Cómo comprobar la existencia del alma si no es algo medible, observable, cuantificable o manipulable? No suena tan descabellado caracterizar a la modernidad como el pensamiento de la cantidad; por ejemplo, pensemos en la explicación del amor a partir de la ciencia moderna: “nos hace falta o nos sobra serotonina”. ¿Qué consecuencias tendría esta forma de pensar? Podría ser que la ética de Don Juan Tenorio es una de las consecuencias más evidentes.

Cómo concibamos el ser de las cosas, será la manera en la que intentaremos acceder a ellas. Para Don Juan Tenorio no hay nada trascendente, no hay alma, no hay algo más allá de su vida, ni mucho menos hay un único amor, uno perfecto. ¿Podríamos decir que Tenorio no ama? Si afirmamos esto sería como afirmar que es un robot. Juan Tenorio ama pero a su manera. Tenorio como buen conquistador –o moderno— no se basta con una sola mujer, su amor consiste en agotarlo en cada mujer; en fin, prefiere amar infinitos cuerpos. Juan Tenorio desea observar, medir y cuantificar su amor, y el único objeto de campo que tiene son las mujeres.

Juan tenorio, visto como moderno, es el científico que a gritos se exigía en la modernidad. Pensemos que durante 1200 años la religión y la fe gobernaron el mundo y sólo la modernidad fue capaz de derribar el pensamiento religioso. Hago esta observación, dado que, si equiparamos la relación teología-modernidad con Juan Tenorio, podríamos decir que Don Juan Tenorio es la modernidad encarnada: Don Juan Tenorio entra al convento y pervierte lo más puro que este lugar tiene (a Doña Inés) y, a partir de este hecho, Sevilla se viene abajo.

Finalmente, Juan tenorio es un presunto “asesino de Dios”: un ateo por excelencia. Justificar o evidenciar por qué Juan Tenorio es un ateo no es muy difícil si nos percatamos los hechos que ocurren en el cementerio. Tenorio regresa unos años después de la tragedia, arrepentido quizás, pero la escena de su arrepentimiento es un poco mística. Cuando Tenorio exclama “¡Aparta, piedra fingida!” Nos damos cuenta que Zorrilla pinta a las almas en pena como algo material, algo visible, algo táctil. Esta escena se presta a un sinfín de interpretaciones; ya que, en un sentido tradicional, literario y cultural, se habla del alma como si fueran fantasmas, se dibujan como imágenes débiles y transparentes en movimiento; en esta escena vemos algo extraordinario: el alma sólo es alma si se representa en una piedra. Me pregunto si dibujar al alma como una piedra ¿no es la misma manera en la que la psicología moderna concibe al alma. Mas hay que recordar las últimas líneas de Zorrilla cuando dice: “pues me abre el purgatorio un punto de penitencia, es el Dios de la clemencia el Dios de Don Juan Tenorio”.

Conclusiones

Si bien esta exploración prolongada y extraviada, hay cosas que valen la pena señalar aún más. De entrada, ¿por qué hablar del amor con un acercamiento literario? De manera muy personal considero que la frialdad e indiferencia de la ciencia moderna son elementos que impiden el acercamiento de las cuestiones del amor, y he elegido a la literatura como modo de acercamiento, ya que ésta, en tanto que obra de arte, nos permite revivir emociones, pero el acercamiento a la misma literatura es meramente intelectual, ello me hace sospechar que es un medio más agudo para profundizar sobre alguna emoción.

¿Por qué Romeo y Julieta y Don Juan Tenorio? Por la naturaleza contraria de las obras. Dejando de lado los accesorios clásicos o modernos que he colgado a estas obras literarias, vemos que cada una tiene un sentido opuesto. En Romeo y Julieta siempre está presente el orden o desorden político, mientras que en Don Juan Tenorio siempre está presente la importancia del sujeto y sus pasiones. Después de la muerte de Romeo y Julieta se aproxima una hipotética paz, mientras que, con Don Juan, no se avecina nada, “Sevilla muere con él”.

Si mis interpretaciones son aceptables y atinadas, se desprende la hipótesis de, cómo concibamos al amor, ello tiene fuertes implicaciones éticas, políticas e interpersonales. Si se entiende el amor como lo hace Juan Tenorio, tenemos un mundo bastante similar al que vivimos, es decir, hombres que no buscan un fin último, sino que sólo buscan un fin, hombres que buscan cantidad en cualquier sentido. Si concebimos el amor desde una perspectiva clásica tenemos cierta orientación. Hay un telos y hay un para qué de las cosas. Si se concibe al amor como único y correspondido –el alma gemela—, parece que el amor no es sólo un pretexto para la dramaturgia, sino que tiene un fin y puede dar un orden a la vida del hombre, mas, ¿Romeo y Julieta se hubieran aventurado al amor si hubiesen sabido de su letal y trágico final?

Así, tenemos el amor tenorezco, que parece ser el más egoísta pero que vela por el propio corazón; mientras que, el amor shakespeariano parece ser el más entregado pero a su vez el más sacrificado.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *