El pensamiento liberal de José María Vigil: Una crítica al positivismo de finales del Siglo XIX

 

Fuente: http://policromiadelahistoria.blogspot.mx/

Por: Daniel Olvera Contreras

El pensamiento liberal mexicano ha ido evolucionando desde mediados del siglo XIX hasta nuestros días, contribuyendo al entendimiento de la democracia como sistema de gobierno. José María Vigil (1829-1909) destaca por su crítica al positivismo instaurado por Benito Juárez en la educación e impulsado por Gabino Barreda durante su gestión como director de la Escuela Nacional Preparatoria, así como por su defensa y apoyo al liberalismo instaurado por Juárez y su justificación por la laicidad del Estado, fomentando la libertad de credos. Se trata de un intelectual mexicano que contribuyó, mediante sus obras y acciones, al desarrollo del pensamiento liberal mexicano, en un contexto histórico donde el positivismo se impuso como doctrina filosófica en las escuelas. De igual manera, sus ideas fueron esenciales para que, un siglo después, Antonio Caso (1883-1946) consiguiera lo que Vigil no logró hacer en su tiempo: sustituir al positivismo como doctrina oficial.  

La historia de México a mediados del siglo XIX se vio marcada por una guerra interna entre conservadores y liberales, conocida coloquialmente como la “Guerra de Reforma” (1857-1861), misma que culminó con el triunfo de los liberales al entrar triunfante Benito Juárez a la capital del país. Gracias a las condiciones de relativa estabilidad que caracterizaron su gobierno, Benito Juárez apostó por la modernización del país: fomentó la inversión de capital extranjero; se instalaron redes de telégrafo y de ferrocarril; y se llevó a cabo una importante inversión en la educación. En 1867 se creó la Escuela Nacional Preparatoria, y Gabino Barreda fue designado director de dicha institución. El objetivo de esta institución era, además de dar a la juventud mexicana una mayor y mejor educación, difundir las ideas del positivismo, doctrina creada por Augusto Comte que sostenía que gracias a los avances de la ciencia y al orden, se podría alcanzar el progreso de la humanidad. Esta doctrina se impartió en las aulas de la ENP durante la segunda mitad del siglo XIX, y las ideas positivas y liberales fueron inculcadas en los jóvenes que estudiaron en dicha institución. Para los defensores del positivismo, dicha doctrina era compatible con las ideas del liberalismo, por lo que, según ellos, ambas doctrinas podían ser complementarias.

En este contexto, José María Vigil (1829-1909) fue uno de los primeros opositores del positivismo como doctrina oficial en la educación. Vigil fue un intelectual y antipositivista mexicano, así como también un liberal católico (se declaraba a sí mismo como católico, pero a su vez deseaba que el gobierno fuera laico y tolerante con las demás religiones) que apoyaba al liberalismo de Juárez, pero no al positivísimo de Barreda sobre la educación. Vigil defendía en sus artículos periodísticos los ideales de las libertades individuales y buscaba fortalecer la incipiente democracia que se estaba desarrollando en México.  

Vigil trató de impulsar un Estado que no solo garantizara la tolerancia, la libertad de creencias religiosas y la separación Iglesia- Estado, sino que buscaba también impulsar la instauración de una vida política, social y económica de tipo liberal, en un México que se venía recuperando de un conflicto armado, de la pérdida de la mitad de su territorio a manos de los norteamericanos y de una serie de gobiernos desastrosos encabezados por Santa Anna. Se percibía cierta estabilidad política y económica en los gobiernos liberales que sucedieron la Guerra de Reforma, por lo que se veía en el liberalismo una alternativa para sacar adelante al país.

José María Vigil simpatizaba con la política liberal de los gobiernos de Benito Juárez (1858-1872) y de Lerdo de Tejada (1872-1876), pero después de que Porfirio Díaz llegara al poder por medio de un golpe militar (con el Plan de Tuxtepec de 1876, dando así inicio al “Porfiriato”,  un gobierno de más de 30 años que, además de funcionar como una dictadura,  se alejaba totalmente del liberalismo instaurado por Juárez), Vigil detectó en la política de Díaz un gran problema, ya que de alguna manera este nuevo gobierno se distanciaba del anhelado liberalismo que tanto defendía, por lo que se dedicó a criticar (de forma escrita) a este nuevo gobierno que se alejaba cada vez más del liberalismo clásico: “Inmediatamente después de la irrupción al poder de Porfirio Díaz, Vigil se concentró en sus labores editoriales…en 1878 se incorporó al grupo de redactores de otro destacado diario de la época, El Monitor Republicano. Desde este periódico, Vigil comenzó a denunciar valientemente la forma en que el nuevo régimen, que prácticamente había surgido de un golpe militar, perdía de manera progresiva sus presuntos cimientos liberales, para encaminarse progresivamente hacia la dictadura” (Hernández Prado, 2005 :14).

Durante su estancia en el diario El Monitor Republicano, Vigil abogaría por un liberalismo clásico, contrario a la posición del diario La Libertad, dirigido por Justo Sierra, que abogaba por un liberalismo conservador (contrario a las ideas de la Constitución de 1857).

Otro acontecimiento importante en la vida de Vigil (indispensable para entender su importancia en el debate sobre el liberalismo finales del siglo XIX) fue su nombramiento en 1880 como profesor de la Escuela Nacional Preparatoria, para la asignatura “Lógica, ideología y moral”. En ese entonces, el ministro de Justicia e Instrucción Pública, Ignacio Mariscal, buscaba implementar una reforma que pretendía restarle su carácter positivista a la ENC. Se buscaba sustituir una obra de lógica de Alexander Bain por la de Guillaume Tiberghien, lo cual daría origen a la célebre polémica de los libros de texto, protagonizada por Vigil y Porfirio Parra: “Parra y Vigil debatieron con intensidad sus puntos de vista, el primero desde las páginas de La Libertad… y el segundo por medio de la relevante Revista Filosófica que editara personalmente” (Hernández Prado, 2005:19).

En 1882, se intentó resolver el debate sobre los libros de texto y Joaquín Barranda (nuevo ministro de Instrucción Pública) propuso el Tratado elemental de filosofía del pensador francés Paul Janet, mientras que los profesores positivistas de la ENP propusieron como sustituto al texto de Tiberghien un texto de Luis E. Ruiz. Según Prado (2005), Vigil simpatizó con el texto de Paul Janet, pero los profesores positivistas no, y a la larga la exigencia de éstos de devolverle el carácter positivista a la asignatura que impartía Vigil prosperaron, por lo que Vigil se vio obligado a desocupar la cátedra en 1885.

Vigil publicó su última colaboración para el periódico El Monitor Republicano en 1880, y en 1881 se convirtió en miembro de la Academia Mexicana de la Lengua, que presidió desde 1894 hasta su muerte en 1909.  Entre los ensayos más importantes publicados por José María Vigil se encuentran: La Anarquía Positivista (1882) y las Nociones de Lógica arregladas por el profesor Luis E. Ruiz (publicado en ese mismo año).

En La Anarquía Positivista, Vigil hace una crítica directa al positivismo como doctrina filosófica, partiendo de la idea que sostenía Gabino Barreda acerca de que la anarquía de las ideas filosóficas pertenecía a la etapa metafísica de la humanidad, y dicha anarquía desaparecería al adoptar el camino del positivismo. Vigil demostraba que esto no era así, al comprobar que existían una gran cantidad de divergencias entre los principales exponentes del positivismo (Augusto Comte y Herbert Spencer), así como de otros autores de importancia para la disciplina (como John Stuart Mill y Émile Littré). La gran tesis que proponía Vigil en este texto era que no solo existía una anarquía en la metafísica, sino que también existía una anarquía en el positivismo, cuya doctrina se jactaba de conllevar a la unidad de consciencias individuales, orientadas hacia el orden y el progreso.

En sus Nociones arregladas por el profesor Luis E. Ruiz, Vigil criticaba aquel texto de Luis E. Ruiz que mencionamos anteriormente, sosteniendo que la adopción de dicho escrito significaba el restablecimiento del positivismo en la enseñanza oficial (recordemos que se había intentado “descontinuar” al positivismo en la educación al cambiar el texto de Bain por el de Tiberghien, a lo que los positivistas reaccionaron exigiendo el texto de Ruiz en vez de este último). Vigil se mostraba reacio ante el intento de reinstauración del positivismo en la educación: “Vigil comenzaría por exhibir que las doctrinas del llamado positivismo encerraban gravísimos errores que conllevaban males efectivos para el individuo, la familia y la sociedad, los cuales no debían de convertirse en contenidos esenciales de la educación de la juventud, pues predisponían hacia el materialismo e inclusive a un pernicioso ateísmo” (Hernández Prado, 2006 :49).

De esto último podemos destacar que Vigil no estaba en contra del derecho a profesar alguna religión (ya se dijo que se concebía como católico), sino que solamente defendía la laicidad del Estado y la libertad de creencias contrarias a la doctrina del positivismo, que negaba todas las demás religiones y se entregaba a un dogma propio, que era la fe en la ciencia y en el progreso. Vigil retomaría este punto para criticar al positivismo en sus discursos en las juntas de catedráticos de la ENC en 1882, alegando que el positivismo iba en contra de la idea liberal de libertad de creencias: “Vigil cuestionaba el parecer de Justo Sierra conforme al cual el positivismo es la doctrina que mejor puede conciliarse con el espíritu de nuestras instituciones, porque profesa la abstención sistemática sobre todas aquellas materias que se relacionan con las creencias religiosas” (Hernández Prado, 2006 :72). Al respecto, Vigil respondería que: “la ley que materializaba los preceptos de la libertad de conciencia y la separación entre la Iglesia y el Estado, prohibía que se enseñase en las escuelas del país una religión específica, pero recalcaba que la educación debía de ser respetuosa de las creencias religiosas de los ciudadanos mexicanos… y una doctrina que comienza por negar el principio en que reposa toda religión, es una doctrina que viola abiertamente la letra y el espíritu de nuestras leyes” (Ibid).

En ese sentido, Vigil veía al positivismo como algo que no era compatible con las ideas del liberalismo, principalmente en lo relacionado con la libertad de credos. Por lo tanto, era incongruente que el Estado instaurara un positivismo en la educación. Vigil sugirió, poco antes de abandonar la escuela, que había que cambiar al positivismo de la enseñanza preparatoria, sustituyéndolo por un espiritualismo.

A manera de conclusión, podemos afirmar que el pensamiento liberal de José María Vigil contribuyó a que posteriormente, intelectuales destacados como Antonio Caso (quien fue alumno de Vigil) dieran continuidad al “pensamiento liberal mexicano”.  Pero hay que resaltar que Vigil no fue importante por el solo hecho de haber defendido el modelo liberal implementado por los gobiernos de Juárez y Lerdo de Tejada, sino por su propuesta de que dicho liberalismo era incompatible con las ideas del positivismo. Vigil defendió siempre la libertad de cátedra en la educación, negando al positivismo como ciencia hegemónica en las escuelas, fomentando un espiritualismo. De igual manera, defendió la libertad de creencias, al mismo tiempo que defendía la laicidad del Estado. Por consiguiente, José María Vigil pasó a la historia como un impulsor del liberalismo en México y un defensor de las libertades individuales, en un contexto histórico (a mediados del Siglo XIX) en donde México apenas se recuperaba de sus conflictos internos y externos. Por consiguiente, José María Vigil será recordado como un destacado “liberal católico” y antipositivista.

 

Bibliografía:

-Hernández Prado, José. 2005. “José María Vigil-Textos Filosóficos”. Editorial UAM-Azcapotzalco. Págs. 247.

 

Sobre el Autor:

Daniel Olvera Contreras es egresado de la Licenciatura en Sociología por la UAM-Azcapotzalco, y actualmente estudia las carreras de Economía (UNAM) y Desarrollo Comunitario (UnADM). Se trata de un joven interesado en temas relacionados con la política, la democracia, la sociología, la economía, la filosofía, la historia y la juventud. Actualmente se desempeña como columnista en diversos medios digitales.

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